Telefónica: una decisión valiente y tres incógnitas

La reorganización anunciada hoy por Telefónica es lo más parecido a un terremoto corporativo.

Es una decisión drástica e inesperada, pero también valiente. Muy valiente. Lo comenté hace tres horas y lo digo ahora: creo que es un paso acertado.

Telefónica no atraviesa su mejor momento financiero ni estratégico. Pocas operadoras pueden decir lo contrario. Pero tampoco su situación es desesperada, en absoluto. Una compañía conservadora hubiera esperado un tiempo, aplicado maquillaje aquí y allá, observado a sus competidores. Telefónica sin embargo da un paso preventivo y cambia de rumbo cuando aún tiene el viento a favor. Algo tan lógico como esto, reaccionar a tiempo, es de admirar. Que nos lo pregunten, sin ir más lejos, a los medios de comunicación. Sólo se equivoca quien arriesga.

Los detalles de los cambios los podéis leer aquí y aquí, entre otros muchos sitios. Así es cómo quedará la nueva cúpula directiva. Y más opiniones y análisis aquí y aquí. La clave: la operadora se organizará en torno a cuatro grandes áreas: dos geográficas (Europa y Latinoamérica), y dos funcionales (Telefónica Digital y Recursos Globales). Una estructura innovadora para una teleco.

No sé qué dirán los análisis mañana, pero yo veo tres grandes dudas a primera vista:

- ¿Un operador global sin presencia en EE.UU y Asia? Julio Linares por lo visto reconocía hoy en Santander que la dualidad Europa-Latam le encaja. Lo siento, pero un operador global, como le gusta llamarse a Telefónica, no puede permitirse ignorar US ni Asia. La nueva reorganización pide a gritos alguna señal clara de que estos mercados le importan. Una apuesta estratégica.

- Telefónica Digital con sede en Londres: mala noticia para España. Tiene todo el sentido del mundo enviar esta unidad a Londres, es el mejor puente entre US y Asia, pero se mire por donde se mire son malas noticias para España. Sabemos que tecnológicamente a nuestro país le falta un par de hervores, pero que ni la propia operadora apueste por Madrid o BCN como sede, no ayuda a encauzar este país.

- Telefónica Digital: cajón de sastre. Sí, me repito con lo de Digital, pero es la unidad fundamental a largo plazo. Me encanta la idea de sede en Londres (con la salvedad anterior) y sedes regionales en España, Silicon Valley, Asia y Brasil, al más puro estilo “Labs” de Intel, HP, IBM o Microsoft. Pero echo en falta un hilo conductor a Digital. Parece el baúl al que se arroja todo aquello con lo que no se sabe muy bien qué hacer, el cajón de lo “no tradicional”, a ver si algo germina, dentro Jajah, Tuenti, I+D, cloud… Suena bien, pero ¿qué hacemos con ello? Supongo que la estrategia global de qué es Digital y adónde va llegará pronto. De momento se queda en promesa.

La pesadilla de viajar con Airbnb

Tras el verano y la sorpresa de Jobs es hora de volver por aquí con las pilas cargadas, a ver si dura, y de escribir este post sobre… ¡mis vacaciones!

Nooo, no os preocupéis, no voy a colgar ni galerías de Flickr tomando margaritas, ni Instagrams de paellas, ni un “top 10 de rincones con encanto”. Eso en el timeline de vuestro brasas 2.0 favorito. Aquí vamos a hablar de algo menos agradable: Airbnb.

Para los no iniciados, Airbnb es una de las brillantes ideas nacidas de la factoría YCombinator que está reinventando el turismo. Su propuesta: no viaje de hotel, es muy frio, caro e impersonal, alquile una habitación o un apartamento a un particular a un precio menor y, de paso, conozca gente. Viaje como un turista pero alójese como un local.

La idea funciona. La compañía con sede en San Francisco ha conseguido en solo tres años 120 millones de dólares de financiación (Ashton Kutcher es inversor), 57 millones de miembros conectados vía Facebook y dos millones de noches de alojamiento. Ya le han surgido varios clones (como las alemanas Wimdu y 9flats) y su valoración roza los 1.000 millones de dólares.

Toda esta parafernalia, lo reconozco, me convenció, por lo que decidí utilizarla para encontrar alojamiento una semana en Nueva York este agosto. ¿Cómo funciona? Fácil, buceas entre decenas de apartamentos, fotos y reviews en las que anteriores viajeros cuentan su experiencia, recomiendan el sitio como maravilloso o lo condenan al infierno porque había chinches en la cama, el baño era un pantano o resultó ser un 10º sin ascensor. Lo típico.

A través de un sistema de “email” interno, contactas con el dueño, preguntas disponibilidad y esperas respuesta. Escribimos a unos 7 y solo uno nos respondió rápidamente. Los otros o no dieron señales de vida (la mayoría) o tardaron una semana en decirnos que no estaba disponible, a pesar de que el sistema indicaba lo contrario.

A mi todo esto ya me estresó. Cuando busco hotel, investigo, reservo, pago y me olvido. Con Airbnb, hasta que alguien te confirma, este proceso puede eternizarse. Pero sigamos.

Nos decidimos por este. Nada del otro mundo, pero nos quedábamos sin tiempo y queríamos un apartamento, no un hotel. Antes de reservar, saltó una pequeña alarma: la dueña había cancelado la reserva en el último momento a dos viajeros anteriores. Le pregunté si estaba 100% segura sobre la disponibilidad. “Yeah, don´t worry, 100% sure”. Fine.

Reservé y en un par de días los 1.124$ (6 noches, Airbnb se lleva un 15%, el resto para el dueño) volaron de mi cuenta. Algo que tampoco me gustó: en un hotel pagas en el check-out, cuando todo está en su sitio. En fin. Acordamos lugar y hora para que nos diera las llaves: 7 de Agosto, 14:00 horas, 343 E 51 Street.

Me despreocupé del tema. Volamos primero a Washington DC, dos días allí y luego en tren hasta NYC. Desconexión total, fuera email, iPhone etc. Solo un “Nokia vintage” de emergencia (sorry Elop).

Llegó el 7 de Agosto y llegó NYC. Y allí nos plantamos tan felices, en el 343 E 51 St. a las 14:00 para recibir las llaves. Pasaron 15 minutos, 30, 45, y nadie apareció. En ese punto le envié un amable SMS, algo así como “where the f*** are you?” y una sonrisa, y la respuesta aterrizó en segundos. “Manuel, your reservation has been cancelled!”. Nos había dejado tirados. Tal cual. Ni respondí.

Resulta que la propietaria había cancelado un par de días antes. Airbnb te envía un email automático avisando, pero si estás en plan desconexión, ni te enteras.

Tuvimos suerte, dos manzanas más abajo, en la misma calle, estaba el fantástico The Pod Hotel, habitaciones dobles pequeñitas, pero lugar ideal, rooftop incluido. Muy recomendable. Allí nos quedamos.

Cuento toda esta experiencia personal para llegar a varias conclusiones. Airbnb es una idea estupenda, que nadie me malinterprete, y conozco bastante gente que lo ha utilizado sin ningún problema. Quizás tuvimos mala suerte, quizás nuestro caso sea una excepción, como el de la propietaria cuyo apartamento resultó desvalijado. Pero no es excusa: Airbnb necesita mejorar. Y mucho.

A raíz del escándalo del robo han estrenado un servicio de soporte telefónico 24×7 y un seguro de 50.000$ para propietarios en caso de daños. Bien, ¿y qué hay del huésped? El viajero sigue desprotegido. Qué tal si Airbnb prueba a:

- Enviar un SMS al móvil cuando se produce una cancelación, ofreciendo alternativas.

- Ofrecer un seguro o compensación directa para gastos motivados por la cancelación (llamadas telefónicas, taxis, diferencia de precio respecto al hotel…).

- Prohibir la cancelación del dueño con menos de 7 o 5 días de antelación, o…

- Penalizar al dueño que cancele con la cantidad cobrada al viajero y transferirle parte de esa cantidad para que haga una nueva reserva.

Airbnb me reembolsó los 1.124$ en su totalidad, pero no hasta que les llamé por teléfono explicando el problema. Y hay algo más absurdo: no puedo hacer una review negativa de la dueña alertando a futuros incautos. “Como se canceló el alojamiento, no hay nada que reseñar”, me dicen por email. No, qué va.

Ahora llega la pregunta: ¿volvería a utilizar Airbnb? Me gusta el concepto de los viajes sociales, escribí aquí más sobre ello, pero si no protegen mejor al viajero, habrá sido mi primera y última vez. Bon voyage.

Foto 2: Los fundadores de Airbnb: Brian Chesky, Nathan Blecharczyk y Joe Gebbia.

¿Lo mejor contra la crisis? Una buena marca

Hoy es uno de esos días en el que los marketinianos están de enhorabuena.

Cuando algún escéptico les vuelva a preguntar eso de… ¿para qué sirve la imagen de marca? o… ¿cuál es el retorno de invertir en millonarias campañas de publicidad?… ahora podrán responder con el gráfico de la izquierda.

Hoy el Financial Times publica el ranking de las 100 principales marcas del mundo, elaborado por la consultora BrandZ.

Aquí hay un detallado especial sobre el tema (PDF). Las principales conclusiones son muy jugosas:

- La marca, el mejor colchón. Las 100 marcas más valiosas del mundo no sólo ha capeado mejor la crisis que las del índice S&P 500. También se han recuperado mucho más rápido, con un valor un 18,5% por encima del que tenían hace 4 años, frente a la caída del 11,5% del S&P 500. Los que vaticinaron que el poder de la marca en recesión se evaporaba, que la cultura “low-cost” podía con todo… se equivocaron.

- Tecnología, tecnología, tecnología.
De las 10 firmas con mayor valor de marca, seis son tecnológicas o telecos (Google, IBM, Apple, Microsoft, China Mobile y Vodafone). Un reflejo de cómo la tecnología, Internet y las comunicaciones están cambiando la economía.

- El mundo es emergente. Trece de las 100 compañías provienen de países emergentes, principalmente de los BRIC. En la lista del 2006, sólo había una empresa china. Hoy hay siete. India coloca por primera vez a su principal banco (ICICI) y México a Telcel, el grupo de telecomunicaciones controlado por Carlos Slim.

- España, discreta.
Sólo cuatro compañías, Banco Santander (#31), BBVA (#56), Movistar (#60) y Zara (#80) logran colarse en el ranking. Tal vez el mayor logro es el de Zara: tercera marca de ropa del mundo sólo por detrás de Nike y H&M.

(Des)conectados a la oficina

Vuelve septiembre. Vuelve la oficina, las reuniones, las comidas de trabajo, los viajes… la rutina laboral. O tal vez no.

Este verano, viendo a mucha gente con el portátil en su regazo en mitad de la playa o en una terraza, mientras revisaban excels y forecasts tras una llamada tan decisiva como inesperada, o respondían emails perdidos en su BlackBerry antes de sumergirse en la piscina, confirmé que algo está cambiando (menos mal) en las relaciones laborales empresa-empleado. Y, en buena medida, gracias a la tecnología.

Por un lado, cada vez es más difícil desconectarse del trabajo, incluso en vacaciones. Por otro (y esto es lo bueno), surgen alternativas a las formas tradicionales de trabajo, es decir, al despacho, horario fijo, contrato indefinido, carrera profesional supeditada a uno o varios jefes…

La tecnología (Internet, software de seguridad en conexiones, videoconferencias, VoIP, redes sociales profesionales…) está gestando una flexibilidad laboral nunca antes experimentada, en un doble plano:

a) Flexibilidad de la empresa hacia dentro:
el teletrabajo es ya una práctica extendida en muchas compañías españolas, especialmente tecnológicas, telcos, servicios a empresas… Las videoconferencias, telepresencia, chat web… ahorran viajes, dinero y contaminación. La ausencia de horarios fijos y vacaciones con fechas pre-establecidas se instaura en las organizaciones con una mentalidad de gestión del talento más avanzada. En definitiva, la empresa deja de ser un lugar físico para ser un ente donde pasamos cada vez menos tiempo. Por supuesto esto no se cumple en todos los sectores ni tamaños de empresa, pero cada vez se extiende más.

b) Flexibilidad de la empresa hacia fuera:
empujadas por la actual recesión, las empresas necesitan mayor elasticidad, adaptarse de forma rápida a los ciclos cambiantes de demanda, a las “turbulencias”. Imposible hacerlo con plantillas fijas de gran volumen. En su lugar, muchas firmas de publicidad, diseño, medios de comunicación, servicios profesionales, tecnología o el mundo editorial prefieren, cada vez más, rodearse de colaboradores externos altamente cualificados que trabajan para varias compañías sin ningún tipo de contrato fijo ni horario predeterminado de por medio. Ganan mucho dinero (porque venden su expertise), trabajan desde casa o en despachos individuales, y tienen una gran flexibilidad laboral. Son los modelos de “empresa en red” o “empresa virtual”. O, como dice Reid Hoffman, fundador de LinkedIn, “cada individuo puede ahora funcionar como un pequeño negocio, como un emprendedor“.

Conclusiones: 1) El mito del contrato indefinido ya no existe. La certidumbre de un salario fijo a final de mes ya no es prioritaria. Las nuevas generaciones (Y, Z) prefieren flexibilidad a dinero. Saben que su mayor activo es su cerebro, su talento, sus ideas, y no la fidelidad de salir el último de la oficina o permanecer 20 años en la misma empresa.

2) Las empresas van camino de convertirse en meras “oficinas de repostaje”
, lugares donde un alto porcentaje de directivos acuden simplemente unas horas a la semana para reuniones clave… Para las demás tareas, basta un móvil y una conexión a Internet en cualquier parte del mundo.

La semana pasada publicaba un artículo sobre este tema titulado “Hacia el trabajo sin ataduras. A ver si es verdad.

Por cierto, espero que hayan disfrutado las vacaciones… Bienvenidos.

Foto: Corbis