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Internet : Wishful thinking

25.000 millones de descargas y una anécdota


Ayer veríais que el App Store de Apple superó los 25.000 millones de descargas de applicaciones. Casi nada.

El afortunado que hizo la descarga número 25.000 millones se llevó una tarjeta regalo de iTunes por valor de 10.000 dólares. Se llama Chunli Fu y es de China. O eso dicen.

Al ver esto me acordé al instante de una anécdota que leí hace poco en el libro “Un click, de Richard L. Brandt, sobre cómo Jeff Bezos se las ingenió para montar el imperio de Amazon.

El caso es que en junio de 1999 Amazon.com llegó a los 10 millones de clientes y quería celebrarlo.

El azar hizo que el cliente número 10 millones fuera un trabajador de la construcción de Boston. Bezos decidió entregarle personalmente el producto que había comprado, un juego de palos de golf.

¿Azar? No. Según cuenta el autor, en realidad Bezos escogió al cliente entre los que estaban cercanos a la marca de 10 millones simplemente porque vivía en Boston y él tenía que viajar allí por negocios justo en esas fechas.

Vaya, que le quedaba de paso.

Para más sorna, los palos de golf que Bezos le entregó ni siquiera eran los que el cliente había encargado. Estaban ahí para la foto. El cliente “número 10 millones” tuvo que devolverlos y esperar los suyos por correo.

Volviendo a nuestro amigo Chunli Fu. ¿25.000 millones de descargas justo dos días antes de presentar el iPad 3/HD? ¿Y en China, el país donde la oportunidad para Apple es tan masiva que casi no coge en un gráfico? ¿Azar?

Va a ser que no. Digamos que Bezos ha creado escuela.

Por cierto, Horace Dediu, de Asymco, se las ha apañado para representar la oportunidad de Apple en China.

Este país roza ya los 1.000 millones de suscriptores móviles. Es el mercado de telefonía celular más grande del mundo aunque la mayoría de gente todavía tiene que pasarse del 2G al 3G y al Internet móvil.

Traducido: Apple (y el resto de fabricantes) se muere por meterse de lleno en China… y Chunli Fu pasaba por allí.




Community managers, la otra ‘burbuja’ española

La semana pasada me acordé de Wikileaks. Y ahora os explico por qué.

Pero antes, para los que no os habéis pasado estos días por Twitter o por elpais.com, un breve resumen. El martes pasado Adrián Segovia y yo publicamos este artículo, Sí hay burbuja: se llama ‘community manager’. El objetivo: reflexionar sobre algunas de las incongruencias en torno al rol del community manager (CM) en España.

¿Por qué unos cobran 18.000 euros y otros 40.000? ¿Tiene sentido pagar 15.000 euros por un curso de CM? ¿Por qué unos tienen funciones estratégicas de comunicación y marketing mientras otros solo cuelgan mensajes en Twitter? ¿Por qué España es el primer país del mundo en demandar información online sobre este puesto? ¿Por qué se les llama a todos community manager cuando no hay dos iguales y casi nadie se pone de acuerdo en una definición?

Preguntas. De eso va el periodismo. Hacer muchas preguntas incómodas e intentar buscar respuestas a través de múltiples puntos de vista.

No voy a entrar aquí a responder a esas cuestiones, eso ya lo intentamos en el artículo. Escribo esto porque la pieza generó una tremenda polémica por tres motivos:

1) ¿Hay o no “burbuja” de community managers en España? Unos dicen que sí, otros que no. Bien. De eso se trataba, de explicar la situación y poner el debate sobre la mesa. Un debate que, por cierto, ya circulaba por blogs y redes sociales pero no había llegado a los grandes medios. A juzgar por los miles de comentarios a raíz del artículo, la cosa sigue dividida.

Mi opinión personal es que hay una burbujaza de escándalo. Y por “burbuja” me refiero a inmadurez de concepto, confusión, desconocimiento y surgimiento de una lucrativa industria (agencias, consultoras…) en torno a esa inmadurez. Esto no es noticia, siempre ocurre cuando aparece una nueva tendencia con potencial de negocio.

La argumentación sobre por qué parece que hay un sobredimensionamiento excesivo de este sector está en el artículo, no la repetiré. Lo positivo es que el “estallido” de la burbuja, la normalización, pondrá las cosas en su sitio: las buenas empresas y profesionales permanecerán, utilizaremos otros términos, habrá mayor segmentación de funciones etc.

2) ¿Quiere un 60% de los parados ser community manager? Por supuesto que no. Durante la primera hora de la publicación del artículo hubo una frase que indujo a error. En el texto se decía que “el de CM es UNO de los perfiles laborales de moda hacia el que un 60% de parados le gustaría reorientar su carrera profesional, según Adecco“. Redacción confusa. En el antetítulo, por una simplificación, aparecía todavía más confuso.

El dato de Adecco, proveniente de este estudio, hacía referencia a que un 60% de parados está dispuesto a reorientar su carrera y que profesiones emergentes, como CM, responsable SEO etc, son algunas de las más consideradas para este cambio. No hubo en ningún momento malinterpretación del dato por nuestra parte, simplemente una redacción confusa. Lo corregimos tan pronto nos dimos cuenta que la frase inducía a error.

3) ¿Es la AERCO una oportunista? Pues ni idea. Pero ocurre otro tanto de lo mismo: unos piensan que sí y otros que no. La AERCO puso el grito en el cielo porque una fuente anónima nos dijo que “alimentan una moda, utilizan la asociación en beneficio de unos pocos“.

La AERCO criticó que a) no se diera derecho a réplica, b) esa afirmación es falsa, c) las fuentes fueran anónimas. Por clarificar y ser transparente, que es el objetivo de este post:

a) La conversación con la fuente que expresó esa opinión fue posterior a la mantenida con la AERCO. No se dio posibilidad de réplica porque el artículo no pretendía ser un toma y daca de acusaciones, sino simplemente una exposición de varios puntos de vista.

b) Ni Adrián ni yo, ni el artículo, ponemos en duda la labor de la AERCO, lo hace una de las fuentes con la que hablamos. En esa frase, el texto funcionó de mero altavoz.

c) ¿Fuentes anónimas?  Aquí es donde salto a la primera línea, donde me acuerdo de Wikileaks. Inventos como Wikileaks surgieron porque no decimos en público lo mismo que admitimos en privado. Si lo hiciéramos, es muy probable que perdiéramos el trabajo o nos ganásemos un buen puñado de enemigos.

Las fuentes en el artículo fueron anónimas por esa misma razón: la gente no quería hablar on-the-record del tema, ni de si hay burbuja con el rol de CM ni de la función de la AERCO. Lo de Wikileaks es solo un ejemplo. Un medio no es Wikileaks y no se puede abusar del anonimato, pero la comparación ilustra el fondo del asunto: nadie quiere complicarse la vida más de lo que ya está.

Lo que es curioso es que a raíz de la publicación recibí media docena de DMs en Twitter criticando a la AERCO en términos mucho peores que los utilizados por nuestra fuente en el artículo. Otros expresaron su opinión en la misma línea públicamente y muchos otros en la contraria, apoyando la labor de la AERCO. Es decir, división de opiniones.

La AERCO no era el tema central del artículo. Pero creo que todo, desde el propio texto hasta la labor de la AERCO o el rol del CM, merecen una reflexión, una crítica constructiva. Esa sí era la intención. Misión cumplida.

Foto: floridapfe

10 consejos para vivir de las apps

Noel Llopis (en la foto) no tiene la vida resuelta, pero casi.

Dedicó seis meses a crear el programa Flower Garden, una sencilla pero ingeniosa aplicación para el iPhone con la que cuidar plantas virtuales, regarlas, comprar semillas y enviar ramilletes recién cortados a nuestros amigos.

La publicó de pago y gratis. Habilitó la posibilidad de realizar compras dentro de la aplicación (semillas, fertilizantes…), y la lanzó al App Store.

Un año después, ha ingresado más de 80.000 dólares en apenas 12 meses, entre pagos por descarga y compras. Ingresos que le permiten vivir holgadamente y, lo más importante, dedicarse casi por completo a desarrollar otro hit en el App Store que lanzará a la vuelta del verano.

Hablé con el recientemente para el artículo Programadores S. A., publicado hoy, sobre el auge de la profesión de desarrollador al calor de las tiendas de aplicaciones. Por supuesto, el caso de Noel es uno entre miles (asturiano tenía que ser! :) , pero demuestra que, con una buena idea y una buena ejecución, se puede vivir de este nuevo mercado. Y bien.

Hablé con muchos programadores de todos los perfiles: Antonio Rodríguez (iPhoneDroid), Israel Ferrer (And.roid.es y Bubiloop), Javier Fernández Escribano (Tourist Eye), Derek van Vliet (Get Set Games), Alberto García-Baquero (Bravo Games), Pau Corbella (Visual Engineering) Gustavo Claramunt (ADW Launcher) y muchos otros que se quedaron en el tintero.

Todos ellos coinciden que es difícil, pero posible, vivir de las apps. ¿Cómo? Ahí van sus 10 consejos:

1- Pensar en global: crear aplicaciones extrapolables a cualquier parte del mundo. Con una estrategia global, los ingresos, de existir, serán mayores.

2- Centrarse en la calidad: la aplicación debe ser única y diferenciable por su idea, gráficos o funcionalidad. El programa no puede ser bueno. Debe ser excepcional.

3- Apostar por juegos sociales: es la categoría con más posibilidades de triunfar. Si encima se incorporan interacciones sociales, más todavía. Utilizara redes como OpenFeint para “socializar” un juego, funciona.

4- Ajustar el precio: 0,79 y 1,59 euros son los precios más utilizados. Por encima la gente se lo piensa. Mejor ajustar y probar canales adicionales de venta.

5- Diversificar en tiendas: el App Store y el Android Market son las más exitosas. Pero Bada (Samsung), Ovi Tienda (Nokia), App World (RIM) o las de los operadores podrían despegar pronto.

6- Incluir compras virtuales: las compras de bienes virtuales están resultando mejor que la publicidad en el móvil. Si la aplicación es buena, funcionarán.

7- Mantenerlo simple y original: tan simple como una maceta con flores. Pero con gráficos, funcionalidad y diseño avanzado. Evitar las copias.

8- Actualizar rápido: Los creadores de las aplicaciones más exitosas actualizan casi cada dos semanas. Una forma de enganchar a la gente.

9- Hacer caso a tus fans: incluir formularios en la aplicación, además de los oficiales, para que den su opinión sobre aspectos a mejorar. Y hacerles caso.

10- Moverse: hablar de la aplicación en redes sociales, colgar vídeos en la Red, contactar con todos los medios, blogs, foros… en definitiva, darse a conocer.

1.000 euros y tres meses para “desengancharse” de Internet

La supuesta “adicción a Internet” no sólo es una falacia, un error categorial, un absurdo… también es una broma (y gorda) que va camino de cumplir 15 años.

Se la inventó el psiquiatra americano Ivan Goldberg a modo de sutil parodia.

En 1995 acuñó el término Internet Addiction Disorder (IAD). Describió los síntomas en su portal (hablaba, por ejemplo, de tecleo involuntario de los dedos…) y esperó sentado a que su ingenio cayera en el olvido… quién se lo iba a decir.

Quince años después la broma ha devenido en pánico social. La realidad, pese a la demagogia y las noticias-basura, es bien distinta: Internet no crea patologías sino que canaliza problemas existentes.

Pasar 10 o 20 horas conectados al día, per se, no es perjudicial, no modifica la conducta, no crea depresión, ni nos convierte en animales asociales. Más bien es al revés. La gente depresiva, o asocial, o con algún otro desorden previo (emocional, psicológico…) tiende a olvidar otros aspectos de su vida para refugiarse exclusivamente en Internet.

En este artículo publicado hoy, doy más detalles sobre el tema. Otros lo han explicado antes mucho mejor.

La clave es que, detrás del mito de la adicción a la Red, hay dos poderosas fuerzas: ignorancia y dinero. La ignorancia de los que siguen creyendo en un absurdo. Y el dinero que buscan muchas clínicas de rehabilitación de web-adictos. Tan aberrante como suena. Pero existen.

No hace falta irse a China ni a la Norteamérica profunda. Basta rebuscar en un periódico local o en un directorio online para encontrarlas. Cientos de clínicas privadas y psicólogos independientes ofrecen en España tratamiento para la ‘adicción’ a Internet. Algunas webs listan más de 800 centros.

Para la elaboración del artículo hablé de forma anónima con unas unas cuantas. En una, en Asturias (no daremos nombres), explican sin tapujos que sí, por supuesto, pueden ayudar. “La terapia contra la adicción a Internet dura como mínimo tres meses”, dice la directora. “Pero sin fármacos, nos centramos en la conducta”. Claro, claro…

En ningún momento de la conversación alude al debate detrás del término ni que, científicamente, es imposible ser Internet-dependiente. Pero sí hablan del precio: 70 euros por sesión, dos semanales al comienzo y una cada siete días al final. Si no estamos muy enganchados, la broma sale por unos 1.000 euros.

Pruebo con otra, en Madrid. Igual. Sesiones de 45 euros y con chollo incluido: 10 euros de descuento a parados, jubilados y estudiantes. Las mismas respuestas se repiten a cada llamada, a cada clínica, una tras otra.

“No sé si es un fraude, pero si no informan bien al paciente, especialmente cuando se trata de menores, están incumpliendo la norma deontológica”. Es lo que advierte Fernando Chacón, decano del colegio oficial de psicólogos de Madrid, cuando le pregunto por la situación. ¿Nadie va a hacer nada al respecto?

José Miguel Gaona, médico psiquiatra y fundador de la clínica Neurosalus, lo explica clarito: “No existe la adicción a Internet, como tampoco existe la del sexo. La Red no modifica el cerebro humano. Cualquier alteración asociada proviene de un desequilibrio previo en el individuo”.

Foto 1: Federico Morando
Foto 2: mandiberg

El triste panorama del periodismo en España

Leía Factual por dos motivos.

Por mi buena amiga Silvia Cobo, que sabe como nadie de qué va esto del periodismo digital.

Y por Cristina Fallarás, a quien no conozco, pero con cuyas crónicas me tronché desde el primer día. Mordaz, deslenguada, muy mujer y muy suya. Una especie de Pérez-Reverte con tacones.

En realidad hay un tercer motivo. Factual me gustaba. Probé la suscripción durante varios días. Sus portadas tenían algo, eran originales, destilaban criterio, nuevos puntos de vista. En su redacción había mucho talento. El modelo de negocio era arriesgado, sí, pero de eso se trata.

Factual hoy ya no existe. Se acaba de desmembrar. Espada dimitió y el castillo se derrumba tras él.

Crear un medio, contratar a decenas de personas y mandarlo todo al carajo al mes y medio es surrealista. Pero creo que refleja un problema crónico de muchos medios de comunicación en España: la falta de profesionalización.

Se necesitan gestores que entiendan el medio, no puros inversores ni aspirantes a políticos. Cracks del mundo online y el papel. Una dirección con visión comercial, de marketing, tecnológica y periodística. Gente con experiencia fuera de España. Que tome riesgos. Gestores apasionados y no funcionariales. Criterio. Conocimientos. Honradez. Compromiso. Profesionalidad. Y, por encima de todo, cuidar y motivar al personal. En algunos medios todo esto exite. O casi. Pero son demasiado pocos.

Lo que sigue son algunos de los últimos tweets de Fallarás. Lo explican mejor que yo:

“Detrás de mí, el abogado negocia con la empresa. delante, dos docenas de periodistas con un pie en la calle.”

“Era la primera experiencia laboral de blanca (22): ha fundado un diario, ha aprendido a hacerlo y la han despedido, todo en un mes y medio.”

“Silvia y daniel, tuitean, el resto fuma en la puerta. Van a echar, seguramente a unos quince.”

“En la pecera que fue el despacho del director, la gerente, el abogado y una señora propietaria manejan contratos. Ardan. Ardan.”

“El nuevo director ha entrado sin saludar a la redacción. A mí sí me ha dicho hola, claro. A nadie más. Luego, ha ocupado mi silla.”

“Una vez en la sala, ha llamado la gerente a tres redactores, daniel, jordi y carlos, para que entren a hablar con él. El resto finge teclear.”

“Creo que es suficiente. Demasiada mala educación acumulada. Me voy.”

Actualización (31/01/2010): Cristina Fallarás lo cuenta todo con pelos y señales en su blog. Y Silvia en este vídeo.

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