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Investigación : Wishful thinking

China: de fábrica del mundo a potencia en I+D

¿Quién no ha leído alguna vez esos reportajes tipo “la fábrica del mundo”, con inquietantes fotos de ejércitos de trabajadores en línea ensamblando gadgets o manufacturando en segundos cualquier producto inimaginable destinado a saciar el voraz apetito consumista de Occidente?

Durante la última década China se nos ha presentado así, como millones de trabajadores no cualificados capaces de fabricar mejor y más barato que el resto del mundo.

Es cierto, y lo sigue siendo. Pero la situación está cambiando.

Japón, EE UU, Alemania, Francia, Reino Unido o España se ahogaron en la crisis (y ahora en la post-crisis) y recortaron drásticamente su gasto en I+D e innovación. China, sin embargo, no ha parado de aumentarlo.

Es la principal conclusión del estudio publicado esta semana por el World Intellectual Property Organization (WIPO), organismo de las Naciones Unidas (PDF aquí).

Algunos datos: China incrementó un 18,5% el número de patentes registradas en el 2008 y un 8,5% en el 2009 (primer gráfico). El número de peticiones de protección de marcas creció en este país un 21% el año pasado frente a la caída del 12% en EE UU.

Tecnología, ingeniería, energía, telecomunicaciones, defensa… son los campos donde China está invirtiendo más que nadie en I+D. Un ejemplo: la compañía de equipamiento de telecomunicaciones ZTE (2º gráfico) disparó su gasto en I+D un 45% en 2009.

Interesante también ver cómo Apple aumentó en más de un 20% su gasto en I+D, por delante de Microsoft o Samsung (aunque estas con cifras absolutas mucho mayores). Los recortes en otras compañías japonesas y americanas son preocupantes

La próxima vez que pensemos en China, mejor pensar dos veces. De fábrica están pasando a ser laboratorio.

En diez años habrá que fijarse en la letra pequeña de los móviles. Es probable que en lugar del famoso “Designed in California. Assembled in China”, leamos una sola frase: “Designed and assembled in China”.

Foto: Ed Burtynsky

¿Qué sectores pueden sacarnos de la crisis?

Innovación, cambio de modelo productivo, I+D… el tema del que todo el mundo habla (hablamos) pero en el que no parece haber ni estrategia ni inversión pública sólida.

Más bien existen empujes aislados y descoordinados de universidades, emprendedores, medianas empresas, multinacionales, Gobierno… cada uno libra la batalla por su cuenta.

Faltan conectores, entidades públicas y privadas que unan los puntos desligados. Y, sobre todo, falta un buen director de orquesta, una figura como la del científico jefe en Israel, el país con mayor gasto de I+D sobre el PIB.

Accenture y la UAM publicaron recientemente un interesante informe que aborda estos problemas y aporta un buen puñado de ideas sobre cómo la innovación puede ayudar a sacarnos de la crisis (resumen en PDF aquí).

Lo más práctico del estudio: la selección de sectores con mayor potencial de crecimiento capaces de impulsar un giro en el modelo productivo español.

Más de 50 sectores podrían provocar el cambio, según 85 expertos consultados. En el gráfico aparecen casi 40. El resto: tecnologías de simulación en el sector aeroespacial, el coche eléctrico en el de automoción, turismo cultural y de salud, nuevos diseños y materiales en el sector textil…

Hay hueco de innovación tanto en actividades intensivas en tecnología como en la modernización de los sectores tradicionales. Un ejemplo (comentado en el informe): dos profesores de la Universidad Hebrea de Jerusalén crearon en 1973 un nuevo alimento: el tomate cherry, característico por su sabor, resistencia a las plagas y mayor tiempo de conservación.

Gracias a que supieron transferir esa innovación al mercado, dos compañías israelíes, Hazera Genetics y Zeraim Gedera, se han convertido en las mayores exportadoras mundiales de semillas de tomate cherry. Y con ellas, todo un sector ha ido detrás.

En España sobra talento e ideas en todos y cada uno de estos sectores del futuro. Pero faltan tres cosas: coordinación, inversión y ambición global. ¿Para cuándo?

10 consejos para vivir de las apps

Noel Llopis (en la foto) no tiene la vida resuelta, pero casi.

Dedicó seis meses a crear el programa Flower Garden, una sencilla pero ingeniosa aplicación para el iPhone con la que cuidar plantas virtuales, regarlas, comprar semillas y enviar ramilletes recién cortados a nuestros amigos.

La publicó de pago y gratis. Habilitó la posibilidad de realizar compras dentro de la aplicación (semillas, fertilizantes…), y la lanzó al App Store.

Un año después, ha ingresado más de 80.000 dólares en apenas 12 meses, entre pagos por descarga y compras. Ingresos que le permiten vivir holgadamente y, lo más importante, dedicarse casi por completo a desarrollar otro hit en el App Store que lanzará a la vuelta del verano.

Hablé con el recientemente para el artículo Programadores S. A., publicado hoy, sobre el auge de la profesión de desarrollador al calor de las tiendas de aplicaciones. Por supuesto, el caso de Noel es uno entre miles (asturiano tenía que ser! :) , pero demuestra que, con una buena idea y una buena ejecución, se puede vivir de este nuevo mercado. Y bien.

Hablé con muchos programadores de todos los perfiles: Antonio Rodríguez (iPhoneDroid), Israel Ferrer (And.roid.es y Bubiloop), Javier Fernández Escribano (Tourist Eye), Derek van Vliet (Get Set Games), Alberto García-Baquero (Bravo Games), Pau Corbella (Visual Engineering) Gustavo Claramunt (ADW Launcher) y muchos otros que se quedaron en el tintero.

Todos ellos coinciden que es difícil, pero posible, vivir de las apps. ¿Cómo? Ahí van sus 10 consejos:

1- Pensar en global: crear aplicaciones extrapolables a cualquier parte del mundo. Con una estrategia global, los ingresos, de existir, serán mayores.

2- Centrarse en la calidad: la aplicación debe ser única y diferenciable por su idea, gráficos o funcionalidad. El programa no puede ser bueno. Debe ser excepcional.

3- Apostar por juegos sociales: es la categoría con más posibilidades de triunfar. Si encima se incorporan interacciones sociales, más todavía. Utilizara redes como OpenFeint para “socializar” un juego, funciona.

4- Ajustar el precio: 0,79 y 1,59 euros son los precios más utilizados. Por encima la gente se lo piensa. Mejor ajustar y probar canales adicionales de venta.

5- Diversificar en tiendas: el App Store y el Android Market son las más exitosas. Pero Bada (Samsung), Ovi Tienda (Nokia), App World (RIM) o las de los operadores podrían despegar pronto.

6- Incluir compras virtuales: las compras de bienes virtuales están resultando mejor que la publicidad en el móvil. Si la aplicación es buena, funcionarán.

7- Mantenerlo simple y original: tan simple como una maceta con flores. Pero con gráficos, funcionalidad y diseño avanzado. Evitar las copias.

8- Actualizar rápido: Los creadores de las aplicaciones más exitosas actualizan casi cada dos semanas. Una forma de enganchar a la gente.

9- Hacer caso a tus fans: incluir formularios en la aplicación, además de los oficiales, para que den su opinión sobre aspectos a mejorar. Y hacerles caso.

10- Moverse: hablar de la aplicación en redes sociales, colgar vídeos en la Red, contactar con todos los medios, blogs, foros… en definitiva, darse a conocer.

¿Les falta ambición a los emprendedores españoles?

“Meter el trasero en un avión y no regresar a casa hasta venir con varios contratos bajo el brazo”.

Es lo que aconseja, literalmente, Kenneth P. Morse a los emprendedores: ambición y trabajo. Mucho trabajo. Él lleva media vida aplicando la receta.

Fundó el MIT Entrepreneurship Center y seis empresas tecnológicas, entre ellas 3Com y Aspen Technology. A sus 64 años, ahora asesora a emprendedores de medio mundo a través del MIT Enteprise Forum.

Tuve la oportunidad de entrevistarlo hace unas semanas. La conversación completa se publicó en Cinco Días (PDF). Creó bastante polémica, porque Morse, con muchas tablas, sabe bien qué teclas apretar para generar titulares.

Criticó la falta de ambición y orientación global de los emprendedores españoles, y excusó a los inversores. “Si una start-up no tiene clientes, no va a conseguir financiación. Todos los inversores son prudentes en la forma en la que invierten. No hacen apuestas a lo loco”.

Es el problema del huevo y la gallina. Sin ambición, cierto, no hay proyectos globales, no hay disrupción. Pero sin inversores que arriesguen, de esos que escasean en España, tampoco hay recursos para comerse el mundo.

Aún así, creo que Morse tiene razón en una cosa: “la ambición llega con la leche materna. Viene de ver a tus padres empezar una empresa, de ayudarles a que funcione cuando tienes seis u ocho años, de viajar fuera de España con tu familia cuando tienes 10 años…”. Es decir, se distingue a distancia a un emprededor ambicioso, aquel que sabe cómo crear un negocio global, aquel por el cual un inversor puede apostar, de otro que no pasará de una firma local con ingresos de subsitencia. Que luego la idea y la ejecución funcione, es otra cosa.

Otras perlas de Ken:

Sobre emprendimiento en Madrid vs. Barcelona:
“Los gobiernos espantan a los emprendedores. El negocio de Madrid es el sector público. El de Barcelona es hacer negocios. Barcelona crece mientras Madrid se duerme. Una prueba es la lista de start-ups globales que surgen de un sitio y otro sitio”.

Sobre los emprendedores españoles:
“Les falta ambición y orientación global. Rara vez están cómodos haciendo negocios fuera de España y Latinoamérica. Deberían añadir a su equipo de dirección gente de fuera que esté a gusto tratando con Francia, Alemania, Reino Unido, EE UU y más allá”.

Sobre el miedo al fracaso:
“La mejor forma de luchar contra el miedo al fracaso es tener historias de éxito”.

Sobre el despido:
“El talento está en el centro de cualquier éxito de emprendimiento. En Europa se debería reducir la regulación en muchos aspectos, por ejemplo, hacerlo más fácil para despedir a la gente. Si se quiere crear trabajos, hay que eliminar todas las dificultades asociadas al despido. No se puede hacer para todas las empresas, pero sí para las pequeñas y medianas compañías”.

1.000 euros y tres meses para “desengancharse” de Internet

La supuesta “adicción a Internet” no sólo es una falacia, un error categorial, un absurdo… también es una broma (y gorda) que va camino de cumplir 15 años.

Se la inventó el psiquiatra americano Ivan Goldberg a modo de sutil parodia.

En 1995 acuñó el término Internet Addiction Disorder (IAD). Describió los síntomas en su portal (hablaba, por ejemplo, de tecleo involuntario de los dedos…) y esperó sentado a que su ingenio cayera en el olvido… quién se lo iba a decir.

Quince años después la broma ha devenido en pánico social. La realidad, pese a la demagogia y las noticias-basura, es bien distinta: Internet no crea patologías sino que canaliza problemas existentes.

Pasar 10 o 20 horas conectados al día, per se, no es perjudicial, no modifica la conducta, no crea depresión, ni nos convierte en animales asociales. Más bien es al revés. La gente depresiva, o asocial, o con algún otro desorden previo (emocional, psicológico…) tiende a olvidar otros aspectos de su vida para refugiarse exclusivamente en Internet.

En este artículo publicado hoy, doy más detalles sobre el tema. Otros lo han explicado antes mucho mejor.

La clave es que, detrás del mito de la adicción a la Red, hay dos poderosas fuerzas: ignorancia y dinero. La ignorancia de los que siguen creyendo en un absurdo. Y el dinero que buscan muchas clínicas de rehabilitación de web-adictos. Tan aberrante como suena. Pero existen.

No hace falta irse a China ni a la Norteamérica profunda. Basta rebuscar en un periódico local o en un directorio online para encontrarlas. Cientos de clínicas privadas y psicólogos independientes ofrecen en España tratamiento para la ‘adicción’ a Internet. Algunas webs listan más de 800 centros.

Para la elaboración del artículo hablé de forma anónima con unas unas cuantas. En una, en Asturias (no daremos nombres), explican sin tapujos que sí, por supuesto, pueden ayudar. “La terapia contra la adicción a Internet dura como mínimo tres meses”, dice la directora. “Pero sin fármacos, nos centramos en la conducta”. Claro, claro…

En ningún momento de la conversación alude al debate detrás del término ni que, científicamente, es imposible ser Internet-dependiente. Pero sí hablan del precio: 70 euros por sesión, dos semanales al comienzo y una cada siete días al final. Si no estamos muy enganchados, la broma sale por unos 1.000 euros.

Pruebo con otra, en Madrid. Igual. Sesiones de 45 euros y con chollo incluido: 10 euros de descuento a parados, jubilados y estudiantes. Las mismas respuestas se repiten a cada llamada, a cada clínica, una tras otra.

“No sé si es un fraude, pero si no informan bien al paciente, especialmente cuando se trata de menores, están incumpliendo la norma deontológica”. Es lo que advierte Fernando Chacón, decano del colegio oficial de psicólogos de Madrid, cuando le pregunto por la situación. ¿Nadie va a hacer nada al respecto?

José Miguel Gaona, médico psiquiatra y fundador de la clínica Neurosalus, lo explica clarito: “No existe la adicción a Internet, como tampoco existe la del sexo. La Red no modifica el cerebro humano. Cualquier alteración asociada proviene de un desequilibrio previo en el individuo”.

Foto 1: Federico Morando
Foto 2: mandiberg

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