Financial Times: del papel a digital en nueve años
Los resultados anunciados hoy por Pearson, propietario del Financial Times, son buenos y malos a la vez.
Buenos porque los ingresos del grupo (con unidades de educación, editorial y prensa) han aumentado un 17% en el 2009 respecto al año pasado, y sus beneficios un 13%. Nada mal dada la situación del sector.
Pero son malos también, porque esconden más dificultades de las esperadas para sus dos marcas estrella: el periódico Financial Times y su web www.ft.com.
A pesar de avances muy positivos, como los 126.000 suscriptores de pago con los que ya cuenta ft.com (un 15% de crecimiento), el beneficio de FT Publishing (unidad formada por el periódico, la web, el 50% de participación en The Economist y otras revistas especializadas), cayó un 47% y los ingresos un 8%.
Marjorie Scardino, CEO de Pearson, lo dejó claro en su presentación: la publicidad ha aumentado respecto al 2008, “cuando parecía que el mundo había llegado a su fin”, pero hay que ser cauto, especialmente cuando es difícil predecir el futuro “más allá de tu propia nariz”.
Entre los resultados, que se pueden consultar aquí, un gráfico muy revelador muestra el drástico transvase de ingresos del papel a digital dentro del Grupo Financial Times.
Los ingresos del papel pasaron de suponer el 72% del total en el 2000 al 27% en el 2009. Las ventas por publicidad cayeron del 52% al 19% del total en la actualidad. El resto (81%) es pago por suscripción a contenidos.
Viendo estos datos, decisiones como la de El Mundo de lanzar Orbyt, su producto de suscripción por 14,99 euros al mes, no parecen tan descabelladas, a pesar de las críticas.
Eso sí, la información generalista (y su modelo de negocio) poco tiene que ver con la especializada del FT. Veremos cómo llega cada una al 2015.
Periodismo, sartenes y cifras

Aviso: este post es un tanto desalentador. Si eres, fuiste o esperas ser periodista, lo que viene a continuación quizás sea un trago de pesimismo demasiado largo.
A nadie se le escapa. Los medios de comunicación viven la peor crisis en años; los periódicos sangran tirada mes a mes; los digitales no arrancan en rentabilidad; todo el mundo experimenta y nadie encuentra el camino.
El peaje acaba siendo muy alto. Los beneficios se desinflan; los costes aprientan; las redacciones adelgazan; la inmediatez manda y los sueldos no alcanzan ni para pagar la ilusión. ¿Resultado? Una profesión que ya no es lo que era y nadie sabe lo que será.
Hoy aterrizaron en mi email unas palabras que explican esta dura realidad.
Son como una bofetada: te espabilan y te hunden en el hoyo al mismo tiempo. Las escribió un periodista con muchos años de profesión a sus espaldas, alguien que sabe muy bien de lo que habla, reciclado al terreno de la comunicación corporativa.
Me pidió que no revelara su nombre. No deseo convertirme en un “confidencial”, pero sus palabras (copiadas y pegadas a continuación) merecen la excepción:
“… yo creo que lo mejor que traen los periódicos son las cucharas y sartenes.
Fuera bromas. En estos últimos días habré hablado por lo menos con 30 periodistas de diferentes medios (papel & online), os puedo asegurar que el nivel es bajísimo. Tan bajo, que me cuesta entender que todavía nos creamos lo que nos cuentan. El nivel de errores en el periodismo técnico o de precisón (cuando se habla de números, de empresas, de economía, de cualquier cosa que tenga que ver con algo numérico y cuantificable, o sea el 60% de las noticias…) es brutal.
La gente no consulta fuentes expertas (la ausencia de entrecomillados es impresionante), es incapaz de asimilar conceptos tan simples como oferta y demanda, no sabe calcular porcentajes, confunde valor con precio… y podría seguir hasta la extenuación.
Yo cada vez estoy más cansado de los periodistas y su metaprofesión. Echo en falta más humildad, menos arrogancia, más autocrítica, menos compadreo y un poco de visión lateral”.
No podría estar más de acuerdo.
Tampoco puedo dejar de pensar que ahora, nosotros, hacemos el mañana. Vale, tal vez sea sólo una ilusión, pero… ¿acaso se trataba de otra cosa?
El triste panorama del periodismo en España
Leía Factual por dos motivos.
Por mi buena amiga Silvia Cobo, que sabe como nadie de qué va esto del periodismo digital.
Y por Cristina Fallarás, a quien no conozco, pero con cuyas crónicas me tronché desde el primer día. Mordaz, deslenguada, muy mujer y muy suya. Una especie de Pérez-Reverte con tacones.
En realidad hay un tercer motivo. Factual me gustaba. Probé la suscripción durante varios días. Sus portadas tenían algo, eran originales, destilaban criterio, nuevos puntos de vista. En su redacción había mucho talento. El modelo de negocio era arriesgado, sí, pero de eso se trata.
Factual hoy ya no existe. Se acaba de desmembrar. Espada dimitió y el castillo se derrumba tras él.
Crear un medio, contratar a decenas de personas y mandarlo todo al carajo al mes y medio es surrealista. Pero creo que refleja un problema crónico de muchos medios de comunicación en España: la falta de profesionalización.
Se necesitan gestores que entiendan el medio, no puros inversores ni aspirantes a políticos. Cracks del mundo online y el papel. Una dirección con visión comercial, de marketing, tecnológica y periodística. Gente con experiencia fuera de España. Que tome riesgos. Gestores apasionados y no funcionariales. Criterio. Conocimientos. Honradez. Compromiso. Profesionalidad. Y, por encima de todo, cuidar y motivar al personal. En algunos medios todo esto exite. O casi. Pero son demasiado pocos.
Lo que sigue son algunos de los últimos tweets de Fallarás. Lo explican mejor que yo:
“Detrás de mí, el abogado negocia con la empresa. delante, dos docenas de periodistas con un pie en la calle.”
“Era la primera experiencia laboral de blanca (22): ha fundado un diario, ha aprendido a hacerlo y la han despedido, todo en un mes y medio.”
“Silvia y daniel, tuitean, el resto fuma en la puerta. Van a echar, seguramente a unos quince.”
“En la pecera que fue el despacho del director, la gerente, el abogado y una señora propietaria manejan contratos. Ardan. Ardan.”
“El nuevo director ha entrado sin saludar a la redacción. A mí sí me ha dicho hola, claro. A nadie más. Luego, ha ocupado mi silla.”
“Una vez en la sala, ha llamado la gerente a tres redactores, daniel, jordi y carlos, para que entren a hablar con él. El resto finge teclear.”
“Creo que es suficiente. Demasiada mala educación acumulada. Me voy.”
Actualización (31/01/2010): Cristina Fallarás lo cuenta todo con pelos y señales en su blog. Y Silvia en este vídeo.
El coste de moderar comentarios en los medios
Hace unos meses, un artículo en The Guardian dejó un par de perlas. Según un estudio de la Universidad de Cardiff, decía, los periodistas consideran la moderación de comentarios online una “distraccion” de su verdadero trabajo: contar noticias. Todo lo demás, moderneces.
Mencionaba también un dato interesante: la BBC cuenta con 23 periodistas dedicados a gestionar su comunidad, moderar comentarios, estar al tanto de lo que se cuece en los social media… leen entre 10.000 y 20.000 emails al día. Su trabajo consiste en escuchar el “ruido” y transformarlo en material provechoso.
Hoy me he acordado de este artículo al leer otro, “Comentarios muy poco edificantes“, de la defensora del lector de EL PAÍS, Milagros Pérez Oliva. La gestión de los comentarios en Elpais.com está externalizada a la empresa Interactora, que se encarga de filtrar hasta 10.000 mensajes diarios. Los periodistas no intervienen.
Es un tema peliagudo. ¿Cómo moderar los comentarios para que aporten valor pero no disparen el coste de esta tarea?
En EE UU, siete de los 10 principales periódicos obligan a registrarse para comentar, lo que reduce en un pequeño porcentaje el número de trolls. Otros, como el Mail Online o el Daily Express en Reino Unido, han abierto 100% las puertas y apelan a la comunidad para avisar al periódico en caso de que haya comentarios ofensivos. El resultado: demasiados insultos y sandeces. Y justo al lado de los banners y logos de unos anunciantes cada vez más cabreados. No hay solución sencilla.
Más allá del mecanismo de moderación a utilizar, el quid de la cuestión creo que es quién debe hacerla. ¿Los propios periodistas? ¿Una compañía externa? ¿Community managers internos? ¿Con qué fórmula se obtiene la mejor relación coste-calidad?
La opción de externalizar, sinceramente, no la entiendo. Se externalizan las tareas que no son clave para un negocio. Y la opinión de los lectores sí es fundamental para un medio.
A un periodista le falta tiempo para hacer de policía. Aunque podría intervenir de forma puntual, a mitad o al final del día, a modo de aclaración o ampliación de detalles. Algo que ningún medio está haciendo ahora mismo.
En cualquier caso, lo que parece inevitable es contar con “community managers” internos, a tiempo completo, que lleven el peso de la moderación, incluso participando en nombre del medio. Que sean 23, como en la BBC, o dos, dependerá de los recursos. Mejor esto, creo, que dejar a los lectores en manos de un extraño.
Soitu, y el periodismo que viene

El cierre de Soitu ayer fue una de las peores noticias para el periodismo online en España. Habían logrado algo muy complejo: aportar un enfoque original y contenidos de calidad al renqueante negocio de contar historias. Era una especie de puente entre el periodismo de ayer y el de mañana. Un puente que, de repente, se esfuma.
Se abren muchos interrogantes sobre el futuro de esta profesión en plena transición hacia nadie sabe dónde. ¿Es rentable el periodismo online de calidad? ¿Cómo definimos “calidad” en Internet? ¿Se puede cobrar por las noticias, por el análisis, por ambos, por nada?
Mucho se ha escrito sobre todo esto a raíz de la despedida de Soitu. Recomendables algunos análisis, recopilaciones, posts (y II y III) reacciones y varias opiniones. ¿Conclusiones? Creo que no las hay, pero ahí van unas breves reflexiones:
- Habrá más cierres. Queda más de un año de larga travesía del desierto hasta ver la luz al final del túnel. El 2010 será igual o más duro que el 2009. La palabra que se sigue oyendo en boca de cualquier directivo es “recorte”. En esta situación, simplemente no hay hueco para tantos medios, ni tradicionales, ni digitales. Hay demasiados. Sólo los que estén más diversificados y saneados sobrevivirán.
- Los medios nativos digitales, más expuestos. Precisamente por eso, por depender casi exclusivamente de la publicidad online, por ausencia de diversificación, los medios digitales sin otros canales de ingresos sufrirá mucho en el 2010. Aunque no más que la prensa tradicional. Quien tenga más pulmón financiero, saldrá adelante. Así de triste.
- El precio de la publicidad online (y offline), por los suelos. Es lo que más está castigando al sector. Imposible mantener a largo plazo un medio de comunicación con los precios actuales de la publicidad. Deben ajustarse al alza. Y eso sólo ocurrirá cuando aumenten los presupuestos de marketing tras la crisis (finales de 2010) y se ajuste a la baja el número de medios relevantes en términos de audiencia.
- Adiós a las grandes redacciones. Es la gran ventaja y desventaja de Internet. Es muy fácil montar algo, pero muy complejo escalarlo y mantenerlo. Por eso tal vez en unos años veamos sólo dos extremos: 4-5 grandes cabeceras digitales (con o sin soporte tradicional), y 10-15 “nanomedios”, con estructuras de personal interno muy reducidas (15-20 personas) y una extensa red de colaboradores externos. Habrá qué pensar entonces en jubilar o no la palabra “periodismo”.
Google CEO to Murdoch: “You are wrong”
Esto es básicamente lo que dejó entrever ayer Eric Schmidt, el CEO de Google, en una videoconferencia con directivos de medios audiovisuales británicos. Cobrar por contenidos online no funcionará. Literalmente, dijo:
“These models [pago por contenidos] have not worked for general public consumption because there are enough free sources that the marginal value of paying is not justified based on the incremental value of quantity. My guess is for niche and specialist markets … it will be possible to do it, but I think it is unlikely that you will be able to do it for all news.”
Nada que no intuyéramos. Pero que el CEO de Google lo diga tan abiertamente es un duro golpe para las renovadas esperanzas de cobro por contenidos online, lideradas por Rupert Murdoch.
En todo este tema del pago por contenidos y noticias online me sorprenden dos cosas:
- El doble rasero de Google: por un lado se presenta como “aliado” de los medios con nuevas herramientas como Fast Flip, pero por otro avisan de que los intentos de cobrar por contenidos no funcionarán. Tienen toda la razón, pero es curioso. En el fondo lo que están diciendo es: “si el WSJ (o quien sea) cobra por sus contenidos, no funcionará. Si nosotros lo hacemos por ellos vía publicidad, compartiendo ingresos, sí”.
- La absoluta impotencia de los medios. Parece que todos estén esperando a que Google les solucione el problema. Y Google, obviamente, se reclina en su trono riéndose a carcajada limpia. Lo cual lleva a pensar un par de cosas: que la solución al problema de rentabilidad de los medios online no pasa simplemente por cobrar por contenidos de mayor o menor calidad, sino por desarrollar la tecnología y la capacidad de negociación que permita hacerlo de forma sutil e inteligente. Es decir, el problema es la tecnología, no el contenido… Y, más preocupante todavía, que Google tiene tal poder en sus manos que al resto de compañías sólo les queda rezar.
Foto: World Economic Forum
BusinessWeek: se vende. Precio de salida: 1$
No, el papel no lo aguanta todo. La crisis en los medios de comunicación continua. Los tradicionales viven una sangría y los digitales una profunda incertidumbre sobre su futura viabilidad. Lo primero parece inevitable. Lo segundo, al menos, aún está por decidir.
Ayer el Financial Times y Bloomberg anunciaban algo que, curiosamente, había adelantado un blog: la venta de la revista BusinessWeek por parte de sus dueños, McGraw-Hill. La situación era insostenible. Los ingresos por publicidad habían caído el 30% en el segundo trimestre después de muchos desplomes.
Tiene 190 redactores en plantilla y 4,8 millones de lectores en 140 países. Bastante más que los 1,4 millones de The Economist, que parece ser la única revista de análisis económico que resiste sin problema.
Según el FT, el valor de venta de BusinessWeek podría ser de 1$. La razón es toda la inversión que se necesitaría, no sólo para cubrir las deudas, sino también para reflotar la cabecera con una estrategia web rentable e integrada con el producto tradicional (si es que es viable).
Triste. Y, como algunos dicen, sólo cabe preguntarse quién será el siguiente. Porque, no lo duden, habrá un siguiente.
Primer premio de periodismo económico y tecnológico de Accenture
Permitidme esta pequeña licencia para escribir sobre algo que ha sido una tremenda alegría.
Ayer se celebró en el Ritz de Madrid la entrega de premios de la X edición del Concurso de Periodismo de Economía, Tecnología e Innovación, organizado por Accenture. Se presentaron 919 artículos de 292 periodistas en un total de 77 medios.
Tuve la gran suerte y honor de ser nombrado ganador del concurso, por el artículo “Inversores y emprendedores, los héroes de hoy“ publicado en el CiberPaís (El País) el pasado marzo (PDF). Una enorme alegría.
Sobre el tema del artículo ya hablamos aquí. Requirió un considerable tiempo de investigación y conversaciones a fuego lento con emprendedores e inversores españoles, ingleses y americanos. Datos, ejemplos, tendencias, análisis, muchas ganas y trabajo. Además de una foto de grupo en la que juntamos a 15 inversores y 15 emprendedores tecnológicos. Una gran satisfacción que todo eso se haya reconocido.
Como mencioné al recoger el premio, agradecer a Accenture su apuesta por este galardón. Una contribución más para que no se esfume eso que siempre ha definido al periodismo: pasión. Sin ella, el talento, el análisis y los contenidos de calidad no sirven de nada.
Agradecer también a aquellos que me han dado la oportunidad de demostrar y mejorar en todo ello. Especialmente a Tomás Delclós y Marimar Jiménez, y a muchos otros como Javier Martín, Miguel Jiménez, Carmen Sánchez-Silva, Laia Reventós…
Y, por supuesto, a los que comparten mi día a día en lo personal. Sin ellos, nada sería posible.
Dos visiones muy diferentes sobre el futuro de la prensa
El Inma World Congress (Inma, International Newsmedia Marketing Association), ha dejado un buen puñado de ideas y reflexiones sobre el tortuoso presente y turbio futuro de la prensa.
Me quedo con dos. Por un lado, la de Juan Señor, partner de Innovation, consultora que asesora a algunos de los principales periódicos europeos en cómo reinventarse para sobrevivir, y Jeff Jarvis, entre otras muchas cosas, profesor de periodismo interactivo en la City University de Nueva York y columnista de The Guardian.
Sus principales conclusiones reflejan el cruce de caminos en el que se encuentra la industria: nadie sabe cómo salir adelante y nadie se atreve a ser el primero en intentarlo.
Juan Señor: “Newspapers are never going to die. They will survive in print platform“.
Jeff Jarvis: “What are the new business models? I don´t know… but let´s be honest, newspapers will die, at least in the US this year“.
Según PWC, Rupert Murdoch no está tan loco
Es una de las conclusiones que se pueden extraer del estudio de PwC, recién salido del horno, “Moving into multiple business models - Outlook for Newspaper publishing in the Digital Age”.
Podéis acceder al PDF completo aquí.
Los datos son poco granulares, pero interesantes (entrevistados 4.900 personas en 7 países). El gráfico más curioso es el que analiza la disponibilidad a pagar por noticias en diferentes soportes, entendiendo disponibilidad a pagar como precio máximo aceptado.
Los consumidores estarían dispuestos a pagar por noticias online un máximo del 62% de lo que pagarían en papel. Es decir, si pagan 1,2€ por un periódico, pagarían, como máximo, 0,7€ por exactamente el mismo contenido online. Por “noticias” se entiende tanto reportajes de fondo, de análisis, como “breaking news”.
Por edades, curiosamente los más jóvenes, por debajo de 30 años, pagarían hasta el 72% del precio en papel, es decir, 0,9€ siguiendo el mismo ejemplo, mientras que los mayores de 50 años sólo estarían dispuestos a dar un máximo de 0,5€.
Por supuesto, esto sólo se cumpliría si todos los medios, offline y online, fueran de pago. El hecho de que en Internet haya infinidad de fuentes gratis con calidad *percibida* (en algunos casos real) similar a las de pago, hace que la elección de los consumidores sea clara. “¿Pagar 0,7€ por un medio digital de calidad Vs. gratis por algo que se le parece? Gratis, por favor”.
Sería la respuesta abrumadora. Aunque no todos decidirían igual. En teoría, habría un porcentaje que optaría por el producto de calidad de pago, pero probablemende demasiado pequeño a efectos de rentabilidad.
¿Conclusiones? 1) La única forma de diferenciarse online es crear contenidos de MUCHA calidad, únicos y originales, altamente segmentados por tipos de audiencia. 2) Si esta premisa se cumple, y con los datos de PwC en la mano, la gente estaría dispuesta a pagar por ellos (en modo subscripción, micro-pago…).
Tal vez Rupert Murdoch no esté tan loco como todos creemos.
“State of play”, o el periodismo que ya nunca leeremos
Si no has visto “State of play” (en España, “La sombra del poder”), estás tardando. Si, además, eres periodista, y de los que sufre con miedo y perplejidad el agónico derrumbe de la prensa, sí, del papel, de la tinta que ensucia las manos, entonces sal corriendo y compra una entrada para la próxima sesión.
El envoltorio engaña. Russell Crowe, Ben Affleck… nombres sospechosos.
Uno se teme lo peor cuando ve al ex-gladiador con pose de reportero mujeriego y bebedor sobrado de ego: idealista y romántico, sin muchos dólares en el bolsillo y al volante de un Saab destartalado con asientos de terciopelo. Una especie de perdedor irreductible que sin embargo posee las mejores fuentes de Washington y la sutileza ganadora de los viejos zorros. Clichés. Sí, algo de eso, o tal vez bastante, habita en la película. Es Hollywood.
Pero, superados los ganchos comerciales, State of play es una perfecta y dolorosa descripción del periodismo que ya nunca leeremos. El de investigación, el de los reporteros y el equipo de documentación que dedican semanas y meses a hurgar en la cloaca política y empresarial hasta destapar las sucias mentiras.
Es también una continua representación de la “lucha” entre el viejo periodismo, el que languidece de muerte, y el nuevo, el de Internet, los blogs, la rapidez y la noticia por encima de todo.
A Call McAffrey (Russell Crowe) le toca trabajar con la novata, Della Frye (Rachel McAdams), reportera en la sección online del “Washington Globe” y autora del blog de política, “una joven, inteligente, ambiciosa, barata y capaz de escribir 10 piezas al día”. Así la define la directora del diario (Hellen Mirren).
Crowe es de la vieja escuela: caro, conflictivo y envía un par de reportajes al mes. Su mesa se hunde entre recortes de periódicos y cientos de antiguos diarios. Rachel trabaja en la sección online, una pecera aislada de la redacción con cuatro “geeks” pegados a enorme pantallas. Nada de integración redaccional.
El primer tercio de la película caricaturiza la sorda batalla entre el viejo reportero y la ambiciosa periodista digital. Las frases que se lanzan entre ellos son impagables. Cal a Della: “Hummmm, no sabría darte mi opinión sobre el congresista Stephen Collins… tendré que leerme algunos blogs para formarme una”. O “la próxima vez, antes de vomitar tu post en la Red, llámame para conocer los datos y los hechos”.
Della a Call, cuando finalmente congenian y consiguen la gran exclusiva: “Creo que la noticia es lo suficientemente importante como para que la gente se ensucie las manos de tinta, no crees?”
Es una parodia. Pero es efectiva. En cientos de periódicos de todo el mundo se está produciendo este mismo choque de culturas entre el bolígrafo y las nuevas narrativas. Y la prensa se va al garete precisamente por no haberlo visto venir, o, mejor dicho, por no haber reaccionado a tiempo.
La conclusión que flota en el aire cuando suben los títulos de crédito, a la vez que se ve la planta de impresión escupiendo el periódico del día siguiente, con una sensación de tecnología anquilosada de la primera revolución industrial, es que se acabó.
Ya no hay dinero para pagar el periodismo de investigación. Ya no hay pasta para costear los millones de árboles talados, los rollos, las furgonetas, la distribución… la tinta que ensucia las manos.
En el título y durante el post he escrito eso del periodismo que “ya nunca leeremos”. Una pequeña provocación.
Por supuesto, el soporte no tiene nada que ver en todo esto. Los contenidos de calidad se podrán leer en Internet, en papel o en el aire. Es una cuestión, como siempre, de rentabilidad.
Simplemente “tardaremos en volver a leerlo”. De aquí a que Internet sea lo suficientemente rentable para costear el buen periodismo, ese que destapa corrupciones políticas, que investiga, educa y emociona, que entrona a artistas desconocidos o fuerza a empresas faltas de ética a echar el cierre, de aquí a que eso ocurra exclusivamente en la Red, pasará mucho tiempo.
Esperemos que poco. Por la ilusión de todos los que nos dejamos la piel, y la esperanza, en esto.
Foto 1: Imdb; Foto 2: Marta Herencia
Kindle DX: Pantalla grande, precio enorme
¿Es éste el “periódico” del futuro? Amazon acaba de presentar su Kindle versión XXL: pantalla de 9.7 pulgadas, interfaz giratorio (como en el iPhone), capacidad para almacenar 275.000 libros y soporte de PDFs.
Su precio de venta suena como un buen puñetazo: $489. En un mercado donde el solape de los eReaders con los smartphones y los netbooks es cada vez mayor, convertir el Kindle DX en un gadget de masas a ese precio se me antoja más que complejo.
Sobre cómo el Kindle puede ayudar a la prensa a salir del bache, pocos detalles, me temo.
The New York Times, The Boston Globe (que hoy precisamente se ha librado del cierre) y The Washington Post ofrecerán a partir de este verano el Kindle DX subvencionado a cambio de una suscripción a los periódicos de más de un año
El consejero delegado de The New York Times, Arthur Sulzberger Jr. dijo, literalmente. “We’ve known for more than a decade that one day an e-reader product would offer the same satisfying experience as reading a printed newspaper”.
Calificó la alianza con Amazon de un experimento para probar nuevas estrategias de distribución digital.
¿Funcionará? Quizás se convierta en un minúsculo parche en el agujero financiero que empiezan a arrastrar las grandes cabeceras de todo el mundo. Pero, en tres meses, el tiempo que tardará en aterrizar el aparatito en EE.UU., probablemente ya hayan muerto unos cuantos periódicos más al otro lado del charco. Tal es la urgencia.
Mientras, en Europa, en España, la pregunta es cuánto tardará la primera cabecera de pago (grande o mediana) en derrumbarse. Aquí a los Kindles se les llama EREs y a los eReaders recortes de sueldos, de colaboradores, de tarifas…
Eso sí, una estadística impresionante que dejó escapar Bezos. Despues de 18 meses de su lanzamiento, el Kindle ya supone el 35% de las ventas de los libros que están disponibles tanto en papel como en digital. El dato rafica el poder del lector electrónico para revolucionar la industria editorial y académica (libros de texto en escuelas y universidades)… pero, ¿también la prensa?.
¿Amazon al rescate de la prensa?
Ha sido la noticia del día. La leí esta mañana en el New York Times online, lo posteé en Twitter, y ahora recojo un par de impresiones después de haber leído otras tantas.
Este miercoles día 6, Jeff Bezos saldrá otra vez a escena para anunciar un nuevo Kindle. Amazon no ha confirmado qué presentará, pero el NYT avanza que será un Kindle de pantalla más grande, especialmente pensado para leer revistas y periódicos.
Un terminal, dice el NYT, que podría salvar a la prensa al dar con una nueva plataforma de difusión (y cobro) de contenidos.
Algunos lo apuntan muy bien. No es la plataforma, es el modelo de negocio el que hay que reinventar. Aunque, si pensamos primero en la plataforma, se me ocurren unos cuantos obstáculos por los que la esperanza del NYT es una falsa alegría:
- Portabilidad: el bolsillo lo tenemos lleno de gadgets. MP3, móvil, smartphone… Un eReader del tamaño de una hoja DIN A4 simplemente no es portable. Quizás haya hueco para utilizar uno en casa mientras leemos un domingo en el sofá. Pero ¿realmente tendrá el poder de sustituir o complementar al portátil del hogar? Lo dudo.
- Precio: el NYT hace referencia al Plastic Logic, pero, tal y como la empresa lo posicionó el día de su lanzamiento, este dispositivo está pensado para usuarios de negocio, no de consumidor final. Lo que probablemente lo sitúe por encima de los $500. ¿A qué precio saldrá el nuevo Kindle? Desde luego, no menos de la última versión, $359.
- Funcionalidades: tal vez veremos un Kindle en color (espero), que ofrezca una sensación más cercana a la de leer la prensa directamente en la Red, aunque sin WiFi ni navegador abierto. Es decir, un Kindle capado, pero más grande. No es suficiente para compensar el obstáculo del precio y la portabilidad.
Y, en cuanto al modelo de negocio, no funcionará trasladar el pago por un periódico en papel al pago por acceder al contenido via Kindle. La gratuidad del acceso en la Red via smartphone o portátil es demasiado tentadora.
Creo que el futuro modelo pasa por establecer un nutrido ecosistema de canales de ingresos, que gire en torno a la Red como hoguera central, y se ramifique a redes sociales, compartición de contenidos, acceso vía móvil, Kindle, publicidad, micropagos y muchos más.
El “Big-Screen Kindle”, si llega, no amasará ni el 1% de los ingresos de una gran cabecera en los próximos tres años. Tal y como está la situación, que surja un canal adicional y genere el 0,01% de ingresos adicionales es de por sí una buena noticia. Pero no da para salvar a la prensa. Por desgracia. A ver qué opina Bezos.
Foto: gotkindle
The New York Times, al borde del precipicio
Si los resultados globales que ha presentado The New York Times para el primer trimestre del año han sido desastrosos, con una pérdida de 74,5 millones de dólares, la evolución de sus ingresos en Internet es aún más preocupante.
El gráfico lo dice todo. Desde el segundo trimestre del 2008, una caída acumulada de sus ingresos por publicidad online del 20%.
En palabras del CEO del periódico, Janet Robinson, la prioridad ahora es buscar “nuevos canales de pago para los contenidos online” con la esperanza de salir del hoyo…
Agárrense, que vienen muchas curvas.
Via Ana B. Nieto
¿Qué habilidades necesita un periodista digital?
Lo explica el responsable de la web del Wall Street Journal, Alan Murray, a quien podéis seguir en Twitter.
¿Qué capacidades necesita un periodista para trabajar en el wsj.com? ¿Qué actitud debe tener? ¿Cómo lograr ser un buen redactor digital? Me quedo con tres de sus consejos:
- Rapidez. Escribir seis, sieto u ocho piezas al día. Y que sean buenas.
- Sentido de comunidad. Saber crear comunidad en la Red y conocer las claves para fidelizar lectores por dos vías: conversación y buenos contenidos.
- Adaptación. De la narrativa tradicional a los nuevos formatos. Si no te gusta escribir para un medio digital, no te esfuerces, se notará.
Éste es el vídeo completo (via Nieman Journalism Lab). Tres minutos realmente útiles:
