La publicidad en prensa inspira más confianza que en online

Lo dice McKinsey, en su último informe McKinsey Quarterly: un 66% de la gente cree que los anuncios en periódicos son fiables e informativos, frente a sólo un 12% que opina lo mismo de los banners y un 25% de los enlaces patrocinados.

La gran mayoría opina que la publicidad online es molesta. Dicho en gráfico:

El estudio se hizo entre 2.000 lectores de noticias en Reino Unido en el 2006 y 2009.

Otros resultados interesantes: leemos más que hace tres años, 72 minutos al día en el 2009, un incremento del 20% respecto al 2006, pero preferimos Internet para hacerlo. Especialmente la gente joven entre 25 y 34 años: el 76% prefiere Internet frente al 61% que también opta por la prensa.

¿Conclusiones? Creo que algunas importantes:

1) Se confirma la tendencia (sería absurdo negarla): Internet será en poco tiempo el canal preferido para consumir noticias, tal vez incluso por delante de la TV y lejos de la prensa.

2) La prensa no está muerta:
su publicidad es percibida como creíble, aporta valor añadido. Precisamente el gran problema que tiene Internet. Y si la publicidad funciona, los ingresos seguirán llegando, aunque menores.

3) Las grandes cabeceras tienen una gran baza a su favor:
su marca. Inspira confianza a los lectores, herencia de muchos años de posicionamiento. Si logran trasladar esa imagen a Internet, la rentabilidad online será sólo cuestión de tiempo.

Internet, ese demonio

Regresamos con una foto, la de la izquierda.

Corresponde a la portada del Daily Mail del pasado miércoles día 10… y ya veo la luz que se os acaba de encender: “tabloide, peligro”.

El Daily Mail es el segundo periódico más vendido en Reino Unido (2 millones de tirada diaria), por detrás de The Sun. Es lo que se llama un “tabloide intermedio”: mitad noticias “serias”, mitad basura.

Llegó a mis manos en un vuelo de British Airways (sí, Mr BA da *sólo* tabloides a sus pasajeros…). El titular a toda página le deja a uno temblando: “Facebook bajo ataque

El artículo lo podéis leer aquí, pero os ahorro el trauma con este breve resumen.

Según el Daily Mail, Facebook en un nido de pedófilos en busca de presas. Recientemente, una adolescente británica fue captada y asesinada por un lunático que contactó con ella vía Facebook. Desde entonces, hay una cruzada contra la web.

En la pieza del Mail, un “experto criminólogo” escribía un texto de apoyo titulado, “I posed as a girl of 14 on Facebook. What followed will sicken you“.

Lo que seguía explicaba cómo se hizo pasar por una adolescente en la red social. “Pasaron 90 segundos”, dice, “cuando un extraño ya me había hecho propuestas sexuales de todo tipo”.

Temazo, dirían los del Mail. Si no fuera porque el artículo del “experto” resultó ser falso. El criminólogo nunca había entrado en Facebook y ésta se plantea ahora demandar al Mail. El tabloide se ha disculpado. Pero la presión sigue.

El Ministerio de Interior británico quiere que la web instale el llamado panic button: cada vez que un adolescente crea encontrarse ante un agresor sexual al otro lado de la pantalla, clic, le da al botoncito y recibe asistencia inmediata de un experto o incluso la policía.

La historia es surrealista. La seguridad de los menores es crucial. El “panic button” no es descabellado. Pero imaginemos por un segundo que los lunáticos contactaran por teléfono a sus víctimas. O les escribieran cartas de puño y letra. ¿Criminalizaría alguien al “teléfono”? ¿Cargaría el Daily Mail contra el servicio de correo británico, el Royal Mail? Sería absurdo.

¿Por qué la sociedad, de la que los medios son altavoces, criminaliza entonces Internet y las redes sociales? La respuesta está en parte, creo, en los llamados tecnology scares“, los “miedos a la tecnología”, al avance, a la incertidumbre del progreso.

Al leer el artículo del Mail, me acordé de otro realmente bueno que os recomiendo y que explica muy bien esta teoría. Estrito por el psiquiatra Vaughan Bell, colaborador de Wired UK, recorre la historia de los technology scares aplicados a los medios de comunicación. Unas muestras:

- En 1565, el científico suizo Conrad Gessner advirtió de los problemas que traería la imprenta, “una inundacion de información que sería perjudicial para la mente”, dijo.

- El estadista francés Malesherbes advirtió que las páginas impresas aislarían socialmente a las personas, al no obtener las noticias en la plaza del pueblo leídas en alto, como antes.

- Cuando la radio llegó, se le acusó de causar distracción y problemas escolares a los niños

¿Suena familiar? Podríamos encontrar un “miedo” asociado a casi cualquier avance tecnológico, desde la invención de la rueda al ferrocarril.

Ahora le toca a Internet, el nuevo demonio. Un filón para los medios de “usar y tirar”.

Para más disfrute, no os perdáis el artículo de Bell.

Financial Times: del papel a digital en nueve años

Los resultados anunciados hoy por Pearson, propietario del Financial Times, son buenos y malos a la vez.

Buenos porque los ingresos del grupo (con unidades de educación, editorial y prensa) han aumentado un 17% en el 2009 respecto al año pasado, y sus beneficios un 13%. Nada mal dada la situación del sector.

Pero son malos también, porque esconden más dificultades de las esperadas para sus dos marcas estrella: el periódico Financial Times y su web www.ft.com.

A pesar de avances muy positivos, como los 126.000 suscriptores de pago con los que ya cuenta ft.com (un 15% de crecimiento), el beneficio de FT Publishing (unidad formada por el periódico, la web, el 50% de participación en The Economist y otras revistas especializadas), cayó un 47% y los ingresos un 8%.

Marjorie Scardino, CEO de Pearson, lo dejó claro en su presentación: la publicidad ha aumentado respecto al 2008, “cuando parecía que el mundo había llegado a su fin”, pero hay que ser cauto, especialmente cuando es difícil predecir el futuro “más allá de tu propia nariz”.

Entre los resultados, que se pueden consultar aquí, un gráfico muy revelador muestra el drástico transvase de ingresos del papel a digital dentro del Grupo Financial Times.

Los ingresos del papel pasaron de suponer el 72% del total en el 2000 al 27% en el 2009. Las ventas por publicidad cayeron del 52% al 19% del total en la actualidad. El resto (81%) es pago por suscripción a contenidos.

Viendo estos datos, decisiones como la de El Mundo de lanzar Orbyt, su producto de suscripción por 14,99 euros al mes, no parecen tan descabelladas, a pesar de las críticas.

Eso sí, la información generalista (y su modelo de negocio) poco tiene que ver con la especializada del FT. Veremos cómo llega cada una al 2015.

Periodismo, sartenes y cifras

Aviso: este post es un tanto desalentador. Si eres, fuiste o esperas ser periodista, lo que viene a continuación quizás sea un trago de pesimismo demasiado largo.

A nadie se le escapa. Los medios de comunicación viven la peor crisis en años; los periódicos sangran tirada mes a mes; los digitales no arrancan en rentabilidad; todo el mundo experimenta y nadie encuentra el camino.

El peaje acaba siendo muy alto. Los beneficios se desinflan; los costes aprientan; las redacciones adelgazan; la inmediatez manda y los sueldos no alcanzan ni para pagar la ilusión. ¿Resultado? Una profesión que ya no es lo que era y nadie sabe lo que será.

Hoy aterrizaron en mi email unas palabras que explican esta dura realidad.

Son como una bofetada: te espabilan y te hunden en el hoyo al mismo tiempo. Las escribió un periodista con muchos años de profesión a sus espaldas, alguien que sabe muy bien de lo que habla, reciclado al terreno de la comunicación corporativa.

Me pidió que no revelara su nombre. No deseo convertirme en un “confidencial”, pero sus palabras (copiadas y pegadas a continuación) merecen la excepción:

“… yo creo que lo mejor que traen los periódicos son las cucharas y sartenes.

Fuera bromas. En estos últimos días habré hablado por lo menos con 30 periodistas de diferentes medios (papel & online), os puedo asegurar que el nivel es bajísimo. Tan bajo, que me cuesta entender que todavía nos creamos lo que nos cuentan. El nivel de errores en el periodismo técnico o de precisón (cuando se habla de números, de empresas, de economía, de cualquier cosa que tenga que ver con algo numérico y cuantificable, o sea el 60% de las noticias…) es brutal.

La gente no consulta fuentes expertas (la ausencia de entrecomillados es impresionante), es incapaz de asimilar conceptos tan simples como oferta y demanda, no sabe calcular porcentajes, confunde valor con precio… y podría seguir hasta la extenuación.

Yo cada vez estoy más cansado de los periodistas y su metaprofesión. Echo en falta más humildad, menos arrogancia, más autocrítica, menos compadreo y un poco de visión lateral”.

No podría estar más de acuerdo.

Tampoco puedo dejar de pensar que ahora, nosotros, hacemos el mañana. Vale, tal vez sea sólo una ilusión, pero… ¿acaso se trataba de otra cosa?

El triste panorama del periodismo en España

Leía Factual por dos motivos.

Por mi buena amiga Silvia Cobo, que sabe como nadie de qué va esto del periodismo digital.

Y por Cristina Fallarás, a quien no conozco, pero con cuyas crónicas me tronché desde el primer día. Mordaz, deslenguada, muy mujer y muy suya. Una especie de Pérez-Reverte con tacones.

En realidad hay un tercer motivo. Factual me gustaba. Probé la suscripción durante varios días. Sus portadas tenían algo, eran originales, destilaban criterio, nuevos puntos de vista. En su redacción había mucho talento. El modelo de negocio era arriesgado, sí, pero de eso se trata.

Factual hoy ya no existe. Se acaba de desmembrar. Espada dimitió y el castillo se derrumba tras él.

Crear un medio, contratar a decenas de personas y mandarlo todo al carajo al mes y medio es surrealista. Pero creo que refleja un problema crónico de muchos medios de comunicación en España: la falta de profesionalización.

Se necesitan gestores que entiendan el medio, no puros inversores ni aspirantes a políticos. Cracks del mundo online y el papel. Una dirección con visión comercial, de marketing, tecnológica y periodística. Gente con experiencia fuera de España. Que tome riesgos. Gestores apasionados y no funcionariales. Criterio. Conocimientos. Honradez. Compromiso. Profesionalidad. Y, por encima de todo, cuidar y motivar al personal. En algunos medios todo esto exite. O casi. Pero son demasiado pocos.

Lo que sigue son algunos de los últimos tweets de Fallarás. Lo explican mejor que yo:

“Detrás de mí, el abogado negocia con la empresa. delante, dos docenas de periodistas con un pie en la calle.”

“Era la primera experiencia laboral de blanca (22): ha fundado un diario, ha aprendido a hacerlo y la han despedido, todo en un mes y medio.”

“Silvia y daniel, tuitean, el resto fuma en la puerta. Van a echar, seguramente a unos quince.”

“En la pecera que fue el despacho del director, la gerente, el abogado y una señora propietaria manejan contratos. Ardan. Ardan.”

“El nuevo director ha entrado sin saludar a la redacción. A mí sí me ha dicho hola, claro. A nadie más. Luego, ha ocupado mi silla.”

“Una vez en la sala, ha llamado la gerente a tres redactores, daniel, jordi y carlos, para que entren a hablar con él. El resto finge teclear.”

“Creo que es suficiente. Demasiada mala educación acumulada. Me voy.”

Actualización (31/01/2010): Cristina Fallarás lo cuenta todo con pelos y señales en su blog. Y Silvia en este vídeo.

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