Tanto pagas, tanto recibes
Newsweek se vende. OK, lo estaba haciendo mal. Se había quedado sin alma, sin hueco, sin lectores. Sus portadas y análisis querían llegar a la altura de The Economist y tenían que conformarse con rozar los talones a Time.
Jon Meacham, editor jefe de Newsweek, lo ha explicado en una entrevista esta semana. El mismo día de la noticia. Y lo que ha dicho es tan doloroso como cierto.
“Si no vamos a pagar por las noticias, entonces recibiremos otro tipo de noticias”. En plata: el buen periodismo vale dinero. Si nadie está dispuesto a pagar por él, tendremos periodismo mediocre.
Lo sabíamos. Pero ver a Meacham en The Daily Show, con media américa profunda riéndose de su fracaso (y la otra media navegando en YouTube) le hace a uno preguntarse si realmente le importa a alguien, más allá de nosotros, los plumillas, que el periodismo de calidad se convierta en un producto de nicho. En papel, en online… pero de nicho.
Porque si lo que viene son ideas como cash-for-traffic, apaga y vámonos. Lo va a probar el semanal The New York Observer: pagar a los redactores en función del tráfico que generen sus noticias.
A más páginas vistas, más followers, más comentarios y más enlaces externos, más pasta. Una especie de variable, de incentivo… Si me preguntan, el camino directo y más corto hacia el periodismo-basura.
Aquí les dejo la entrevista a Jon Meacham, via Toni Piqué. A ver si Newsweek tiene la suerte de BusinessWeek y algún loco caritativo no la deja morir.
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La publicidad en prensa inspira más confianza que en online
Lo dice McKinsey, en su último informe McKinsey Quarterly: un 66% de la gente cree que los anuncios en periódicos son fiables e informativos, frente a sólo un 12% que opina lo mismo de los banners y un 25% de los enlaces patrocinados.
La gran mayoría opina que la publicidad online es molesta. Dicho en gráfico:

El estudio se hizo entre 2.000 lectores de noticias en Reino Unido en el 2006 y 2009.
Otros resultados interesantes: leemos más que hace tres años, 72 minutos al día en el 2009, un incremento del 20% respecto al 2006, pero preferimos Internet para hacerlo. Especialmente la gente joven entre 25 y 34 años: el 76% prefiere Internet frente al 61% que también opta por la prensa.

¿Conclusiones? Creo que algunas importantes:
1) Se confirma la tendencia (sería absurdo negarla): Internet será en poco tiempo el canal preferido para consumir noticias, tal vez incluso por delante de la TV y lejos de la prensa.
2) La prensa no está muerta: su publicidad es percibida como creíble, aporta valor añadido. Precisamente el gran problema que tiene Internet. Y si la publicidad funciona, los ingresos seguirán llegando, aunque menores.
3) Las grandes cabeceras tienen una gran baza a su favor: su marca. Inspira confianza a los lectores, herencia de muchos años de posicionamiento. Si logran trasladar esa imagen a Internet, la rentabilidad online será sólo cuestión de tiempo.
Internet, ese demonio
Regresamos con una foto, la de la izquierda.
Corresponde a la portada del Daily Mail del pasado miércoles día 10… y ya veo la luz que se os acaba de encender: “tabloide, peligro”.
El Daily Mail es el segundo periódico más vendido en Reino Unido (2 millones de tirada diaria), por detrás de The Sun. Es lo que se llama un “tabloide intermedio”: mitad noticias “serias”, mitad basura.
Llegó a mis manos en un vuelo de British Airways (sí, Mr BA da *sólo* tabloides a sus pasajeros…). El titular a toda página le deja a uno temblando: “Facebook bajo ataque”
El artículo lo podéis leer aquí, pero os ahorro el trauma con este breve resumen.
Según el Daily Mail, Facebook en un nido de pedófilos en busca de presas. Recientemente, una adolescente británica fue captada y asesinada por un lunático que contactó con ella vía Facebook. Desde entonces, hay una cruzada contra la web.
En la pieza del Mail, un “experto criminólogo” escribía un texto de apoyo titulado, “I posed as a girl of 14 on Facebook. What followed will sicken you“.
Lo que seguía explicaba cómo se hizo pasar por una adolescente en la red social. “Pasaron 90 segundos”, dice, “cuando un extraño ya me había hecho propuestas sexuales de todo tipo”.
Temazo, dirían los del Mail. Si no fuera porque el artículo del “experto” resultó ser falso. El criminólogo nunca había entrado en Facebook y ésta se plantea ahora demandar al Mail. El tabloide se ha disculpado. Pero la presión sigue.
El Ministerio de Interior británico quiere que la web instale el llamado “panic button“: cada vez que un adolescente crea encontrarse ante un agresor sexual al otro lado de la pantalla, clic, le da al botoncito y recibe asistencia inmediata de un experto o incluso la policía.
La historia es surrealista. La seguridad de los menores es crucial. El “panic button” no es descabellado. Pero imaginemos por un segundo que los lunáticos contactaran por teléfono a sus víctimas. O les escribieran cartas de puño y letra. ¿Criminalizaría alguien al “teléfono”? ¿Cargaría el Daily Mail contra el servicio de correo británico, el Royal Mail? Sería absurdo.
¿Por qué la sociedad, de la que los medios son altavoces, criminaliza entonces Internet y las redes sociales? La respuesta está en parte, creo, en los llamados “tecnology scares“, los “miedos a la tecnología”, al avance, a la incertidumbre del progreso.
Al leer el artículo del Mail, me acordé de otro realmente bueno que os recomiendo y que explica muy bien esta teoría. Estrito por el psiquiatra Vaughan Bell, colaborador de Wired UK, recorre la historia de los technology scares aplicados a los medios de comunicación. Unas muestras:
- En 1565, el científico suizo Conrad Gessner advirtió de los problemas que traería la imprenta, “una inundacion de información que sería perjudicial para la mente”, dijo.
- El estadista francés Malesherbes advirtió que las páginas impresas aislarían socialmente a las personas, al no obtener las noticias en la plaza del pueblo leídas en alto, como antes.
- Cuando la radio llegó, se le acusó de causar distracción y problemas escolares a los niños…
¿Suena familiar? Podríamos encontrar un “miedo” asociado a casi cualquier avance tecnológico, desde la invención de la rueda al ferrocarril.
Ahora le toca a Internet, el nuevo demonio. Un filón para los medios de “usar y tirar”.
Para más disfrute, no os perdáis el artículo de Bell.
El triste panorama del periodismo en España
Leía Factual por dos motivos.
Por mi buena amiga Silvia Cobo, que sabe como nadie de qué va esto del periodismo digital.
Y por Cristina Fallarás, a quien no conozco, pero con cuyas crónicas me tronché desde el primer día. Mordaz, deslenguada, muy mujer y muy suya. Una especie de Pérez-Reverte con tacones.
En realidad hay un tercer motivo. Factual me gustaba. Probé la suscripción durante varios días. Sus portadas tenían algo, eran originales, destilaban criterio, nuevos puntos de vista. En su redacción había mucho talento. El modelo de negocio era arriesgado, sí, pero de eso se trata.
Factual hoy ya no existe. Se acaba de desmembrar. Espada dimitió y el castillo se derrumba tras él.
Crear un medio, contratar a decenas de personas y mandarlo todo al carajo al mes y medio es surrealista. Pero creo que refleja un problema crónico de muchos medios de comunicación en España: la falta de profesionalización.
Se necesitan gestores que entiendan el medio, no puros inversores ni aspirantes a políticos. Cracks del mundo online y el papel. Una dirección con visión comercial, de marketing, tecnológica y periodística. Gente con experiencia fuera de España. Que tome riesgos. Gestores apasionados y no funcionariales. Criterio. Conocimientos. Honradez. Compromiso. Profesionalidad. Y, por encima de todo, cuidar y motivar al personal. En algunos medios todo esto exite. O casi. Pero son demasiado pocos.
Lo que sigue son algunos de los últimos tweets de Fallarás. Lo explican mejor que yo:
“Detrás de mí, el abogado negocia con la empresa. delante, dos docenas de periodistas con un pie en la calle.”
“Era la primera experiencia laboral de blanca (22): ha fundado un diario, ha aprendido a hacerlo y la han despedido, todo en un mes y medio.”
“Silvia y daniel, tuitean, el resto fuma en la puerta. Van a echar, seguramente a unos quince.”
“En la pecera que fue el despacho del director, la gerente, el abogado y una señora propietaria manejan contratos. Ardan. Ardan.”
“El nuevo director ha entrado sin saludar a la redacción. A mí sí me ha dicho hola, claro. A nadie más. Luego, ha ocupado mi silla.”
“Una vez en la sala, ha llamado la gerente a tres redactores, daniel, jordi y carlos, para que entren a hablar con él. El resto finge teclear.”
“Creo que es suficiente. Demasiada mala educación acumulada. Me voy.”
Actualización (31/01/2010): Cristina Fallarás lo cuenta todo con pelos y señales en su blog. Y Silvia en este vídeo.
El coste de moderar comentarios en los medios
Hace unos meses, un artículo en The Guardian dejó un par de perlas. Según un estudio de la Universidad de Cardiff, decía, los periodistas consideran la moderación de comentarios online una “distraccion” de su verdadero trabajo: contar noticias. Todo lo demás, moderneces.
Mencionaba también un dato interesante: la BBC cuenta con 23 periodistas dedicados a gestionar su comunidad, moderar comentarios, estar al tanto de lo que se cuece en los social media… leen entre 10.000 y 20.000 emails al día. Su trabajo consiste en escuchar el “ruido” y transformarlo en material provechoso.
Hoy me he acordado de este artículo al leer otro, “Comentarios muy poco edificantes“, de la defensora del lector de EL PAÍS, Milagros Pérez Oliva. La gestión de los comentarios en Elpais.com está externalizada a la empresa Interactora, que se encarga de filtrar hasta 10.000 mensajes diarios. Los periodistas no intervienen.
Es un tema peliagudo. ¿Cómo moderar los comentarios para que aporten valor pero no disparen el coste de esta tarea?
En EE UU, siete de los 10 principales periódicos obligan a registrarse para comentar, lo que reduce en un pequeño porcentaje el número de trolls. Otros, como el Mail Online o el Daily Express en Reino Unido, han abierto 100% las puertas y apelan a la comunidad para avisar al periódico en caso de que haya comentarios ofensivos. El resultado: demasiados insultos y sandeces. Y justo al lado de los banners y logos de unos anunciantes cada vez más cabreados. No hay solución sencilla.
Más allá del mecanismo de moderación a utilizar, el quid de la cuestión creo que es quién debe hacerla. ¿Los propios periodistas? ¿Una compañía externa? ¿Community managers internos? ¿Con qué fórmula se obtiene la mejor relación coste-calidad?
La opción de externalizar, sinceramente, no la entiendo. Se externalizan las tareas que no son clave para un negocio. Y la opinión de los lectores sí es fundamental para un medio.
A un periodista le falta tiempo para hacer de policía. Aunque podría intervenir de forma puntual, a mitad o al final del día, a modo de aclaración o ampliación de detalles. Algo que ningún medio está haciendo ahora mismo.
En cualquier caso, lo que parece inevitable es contar con “community managers” internos, a tiempo completo, que lleven el peso de la moderación, incluso participando en nombre del medio. Que sean 23, como en la BBC, o dos, dependerá de los recursos. Mejor esto, creo, que dejar a los lectores en manos de un extraño.
Soitu, y el periodismo que viene

El cierre de Soitu ayer fue una de las peores noticias para el periodismo online en España. Habían logrado algo muy complejo: aportar un enfoque original y contenidos de calidad al renqueante negocio de contar historias. Era una especie de puente entre el periodismo de ayer y el de mañana. Un puente que, de repente, se esfuma.
Se abren muchos interrogantes sobre el futuro de esta profesión en plena transición hacia nadie sabe dónde. ¿Es rentable el periodismo online de calidad? ¿Cómo definimos “calidad” en Internet? ¿Se puede cobrar por las noticias, por el análisis, por ambos, por nada?
Mucho se ha escrito sobre todo esto a raíz de la despedida de Soitu. Recomendables algunos análisis, recopilaciones, posts (y II y III) reacciones y varias opiniones. ¿Conclusiones? Creo que no las hay, pero ahí van unas breves reflexiones:
- Habrá más cierres. Queda más de un año de larga travesía del desierto hasta ver la luz al final del túnel. El 2010 será igual o más duro que el 2009. La palabra que se sigue oyendo en boca de cualquier directivo es “recorte”. En esta situación, simplemente no hay hueco para tantos medios, ni tradicionales, ni digitales. Hay demasiados. Sólo los que estén más diversificados y saneados sobrevivirán.
- Los medios nativos digitales, más expuestos. Precisamente por eso, por depender casi exclusivamente de la publicidad online, por ausencia de diversificación, los medios digitales sin otros canales de ingresos sufrirá mucho en el 2010. Aunque no más que la prensa tradicional. Quien tenga más pulmón financiero, saldrá adelante. Así de triste.
- El precio de la publicidad online (y offline), por los suelos. Es lo que más está castigando al sector. Imposible mantener a largo plazo un medio de comunicación con los precios actuales de la publicidad. Deben ajustarse al alza. Y eso sólo ocurrirá cuando aumenten los presupuestos de marketing tras la crisis (finales de 2010) y se ajuste a la baja el número de medios relevantes en términos de audiencia.
- Adiós a las grandes redacciones. Es la gran ventaja y desventaja de Internet. Es muy fácil montar algo, pero muy complejo escalarlo y mantenerlo. Por eso tal vez en unos años veamos sólo dos extremos: 4-5 grandes cabeceras digitales (con o sin soporte tradicional), y 10-15 “nanomedios”, con estructuras de personal interno muy reducidas (15-20 personas) y una extensa red de colaboradores externos. Habrá qué pensar entonces en jubilar o no la palabra “periodismo”.
Medios, ocio y entretenimiento: horizonte 2013
El otro día escribía sobre la evolución de la publicidad online según ZenithOptimedia. Esta mañana PricewaterhouseCoopers ha presentado una visión complementaria, un extenso estudio (+600 pags.) sobre el sector combinado de Medios de comunicación, ocio y entretenimiento (MCOE).
Los datos en España, para el horizonte 2009-2013, revelan tres conclusiones interesantes:
- Banda ancha y conectividad en el móvil, empujan el sector de acceso a Internet. Supondrá el 27% del mercado de MCOE en el 2013 ($11.160 millones) y será el único que crezca por encima del 14% a partir del 2011.
- La industria de los videojuegos superará a la del cine a finales del 2009 en España, y será otra de las que más crezcan en los próximos 4 años. En el 2013 superará al sector discográfico y al de cine juntos.
- La edición de periódicos se tendrá que conformar con crecimientos entre el 2% y el 3% una vez superada la crisis a partir del 2010. En el 2013 moverá el 11% del mercado de MCOE, frente el 3% de la publicidad online.
Si algo confirman todos los datos es que, tras la recesión económica, el volumen de negocio que genera la prensa ha llegado para quedarse. Que nadie espere recuperaciones en unos años a niveles del 2003-2004. Los buenos tiempos se han esfumado para siempre. Los medios tradicionales tendrán que ajustar sus cuentas para ser rentables con el nivel actual de ingresos o desaparecer.


Google CEO to Murdoch: “You are wrong”
Esto es básicamente lo que dejó entrever ayer Eric Schmidt, el CEO de Google, en una videoconferencia con directivos de medios audiovisuales británicos. Cobrar por contenidos online no funcionará. Literalmente, dijo:
“These models [pago por contenidos] have not worked for general public consumption because there are enough free sources that the marginal value of paying is not justified based on the incremental value of quantity. My guess is for niche and specialist markets … it will be possible to do it, but I think it is unlikely that you will be able to do it for all news.”
Nada que no intuyéramos. Pero que el CEO de Google lo diga tan abiertamente es un duro golpe para las renovadas esperanzas de cobro por contenidos online, lideradas por Rupert Murdoch.
En todo este tema del pago por contenidos y noticias online me sorprenden dos cosas:
- El doble rasero de Google: por un lado se presenta como “aliado” de los medios con nuevas herramientas como Fast Flip, pero por otro avisan de que los intentos de cobrar por contenidos no funcionarán. Tienen toda la razón, pero es curioso. En el fondo lo que están diciendo es: “si el WSJ (o quien sea) cobra por sus contenidos, no funcionará. Si nosotros lo hacemos por ellos vía publicidad, compartiendo ingresos, sí”.
- La absoluta impotencia de los medios. Parece que todos estén esperando a que Google les solucione el problema. Y Google, obviamente, se reclina en su trono riéndose a carcajada limpia. Lo cual lleva a pensar un par de cosas: que la solución al problema de rentabilidad de los medios online no pasa simplemente por cobrar por contenidos de mayor o menor calidad, sino por desarrollar la tecnología y la capacidad de negociación que permita hacerlo de forma sutil e inteligente. Es decir, el problema es la tecnología, no el contenido… Y, más preocupante todavía, que Google tiene tal poder en sus manos que al resto de compañías sólo les queda rezar.
Foto: World Economic Forum
BusinessWeek: se vende. Precio de salida: 1$
No, el papel no lo aguanta todo. La crisis en los medios de comunicación continua. Los tradicionales viven una sangría y los digitales una profunda incertidumbre sobre su futura viabilidad. Lo primero parece inevitable. Lo segundo, al menos, aún está por decidir.
Ayer el Financial Times y Bloomberg anunciaban algo que, curiosamente, había adelantado un blog: la venta de la revista BusinessWeek por parte de sus dueños, McGraw-Hill. La situación era insostenible. Los ingresos por publicidad habían caído el 30% en el segundo trimestre después de muchos desplomes.
Tiene 190 redactores en plantilla y 4,8 millones de lectores en 140 países. Bastante más que los 1,4 millones de The Economist, que parece ser la única revista de análisis económico que resiste sin problema.
Según el FT, el valor de venta de BusinessWeek podría ser de 1$. La razón es toda la inversión que se necesitaría, no sólo para cubrir las deudas, sino también para reflotar la cabecera con una estrategia web rentable e integrada con el producto tradicional (si es que es viable).
Triste. Y, como algunos dicen, sólo cabe preguntarse quién será el siguiente. Porque, no lo duden, habrá un siguiente.
Dos visiones muy diferentes sobre el futuro de la prensa
El Inma World Congress (Inma, International Newsmedia Marketing Association), ha dejado un buen puñado de ideas y reflexiones sobre el tortuoso presente y turbio futuro de la prensa.
Me quedo con dos. Por un lado, la de Juan Señor, partner de Innovation, consultora que asesora a algunos de los principales periódicos europeos en cómo reinventarse para sobrevivir, y Jeff Jarvis, entre otras muchas cosas, profesor de periodismo interactivo en la City University de Nueva York y columnista de The Guardian.
Sus principales conclusiones reflejan el cruce de caminos en el que se encuentra la industria: nadie sabe cómo salir adelante y nadie se atreve a ser el primero en intentarlo.
Juan Señor: “Newspapers are never going to die. They will survive in print platform“.
Jeff Jarvis: “What are the new business models? I don´t know… but let´s be honest, newspapers will die, at least in the US this year“.
Según PWC, Rupert Murdoch no está tan loco
Es una de las conclusiones que se pueden extraer del estudio de PwC, recién salido del horno, “Moving into multiple business models - Outlook for Newspaper publishing in the Digital Age”.
Podéis acceder al PDF completo aquí.
Los datos son poco granulares, pero interesantes (entrevistados 4.900 personas en 7 países). El gráfico más curioso es el que analiza la disponibilidad a pagar por noticias en diferentes soportes, entendiendo disponibilidad a pagar como precio máximo aceptado.
Los consumidores estarían dispuestos a pagar por noticias online un máximo del 62% de lo que pagarían en papel. Es decir, si pagan 1,2€ por un periódico, pagarían, como máximo, 0,7€ por exactamente el mismo contenido online. Por “noticias” se entiende tanto reportajes de fondo, de análisis, como “breaking news”.
Por edades, curiosamente los más jóvenes, por debajo de 30 años, pagarían hasta el 72% del precio en papel, es decir, 0,9€ siguiendo el mismo ejemplo, mientras que los mayores de 50 años sólo estarían dispuestos a dar un máximo de 0,5€.
Por supuesto, esto sólo se cumpliría si todos los medios, offline y online, fueran de pago. El hecho de que en Internet haya infinidad de fuentes gratis con calidad *percibida* (en algunos casos real) similar a las de pago, hace que la elección de los consumidores sea clara. “¿Pagar 0,7€ por un medio digital de calidad Vs. gratis por algo que se le parece? Gratis, por favor”.
Sería la respuesta abrumadora. Aunque no todos decidirían igual. En teoría, habría un porcentaje que optaría por el producto de calidad de pago, pero probablemende demasiado pequeño a efectos de rentabilidad.
¿Conclusiones? 1) La única forma de diferenciarse online es crear contenidos de MUCHA calidad, únicos y originales, altamente segmentados por tipos de audiencia. 2) Si esta premisa se cumple, y con los datos de PwC en la mano, la gente estaría dispuesta a pagar por ellos (en modo subscripción, micro-pago…).
Tal vez Rupert Murdoch no esté tan loco como todos creemos.
“State of play”, o el periodismo que ya nunca leeremos
Si no has visto “State of play” (en España, “La sombra del poder”), estás tardando. Si, además, eres periodista, y de los que sufre con miedo y perplejidad el agónico derrumbe de la prensa, sí, del papel, de la tinta que ensucia las manos, entonces sal corriendo y compra una entrada para la próxima sesión.
El envoltorio engaña. Russell Crowe, Ben Affleck… nombres sospechosos.
Uno se teme lo peor cuando ve al ex-gladiador con pose de reportero mujeriego y bebedor sobrado de ego: idealista y romántico, sin muchos dólares en el bolsillo y al volante de un Saab destartalado con asientos de terciopelo. Una especie de perdedor irreductible que sin embargo posee las mejores fuentes de Washington y la sutileza ganadora de los viejos zorros. Clichés. Sí, algo de eso, o tal vez bastante, habita en la película. Es Hollywood.
Pero, superados los ganchos comerciales, State of play es una perfecta y dolorosa descripción del periodismo que ya nunca leeremos. El de investigación, el de los reporteros y el equipo de documentación que dedican semanas y meses a hurgar en la cloaca política y empresarial hasta destapar las sucias mentiras.
Es también una continua representación de la “lucha” entre el viejo periodismo, el que languidece de muerte, y el nuevo, el de Internet, los blogs, la rapidez y la noticia por encima de todo.
A Call McAffrey (Russell Crowe) le toca trabajar con la novata, Della Frye (Rachel McAdams), reportera en la sección online del “Washington Globe” y autora del blog de política, “una joven, inteligente, ambiciosa, barata y capaz de escribir 10 piezas al día”. Así la define la directora del diario (Hellen Mirren).
Crowe es de la vieja escuela: caro, conflictivo y envía un par de reportajes al mes. Su mesa se hunde entre recortes de periódicos y cientos de antiguos diarios. Rachel trabaja en la sección online, una pecera aislada de la redacción con cuatro “geeks” pegados a enorme pantallas. Nada de integración redaccional.
El primer tercio de la película caricaturiza la sorda batalla entre el viejo reportero y la ambiciosa periodista digital. Las frases que se lanzan entre ellos son impagables. Cal a Della: “Hummmm, no sabría darte mi opinión sobre el congresista Stephen Collins… tendré que leerme algunos blogs para formarme una”. O “la próxima vez, antes de vomitar tu post en la Red, llámame para conocer los datos y los hechos”.
Della a Call, cuando finalmente congenian y consiguen la gran exclusiva: “Creo que la noticia es lo suficientemente importante como para que la gente se ensucie las manos de tinta, no crees?”
Es una parodia. Pero es efectiva. En cientos de periódicos de todo el mundo se está produciendo este mismo choque de culturas entre el bolígrafo y las nuevas narrativas. Y la prensa se va al garete precisamente por no haberlo visto venir, o, mejor dicho, por no haber reaccionado a tiempo.
La conclusión que flota en el aire cuando suben los títulos de crédito, a la vez que se ve la planta de impresión escupiendo el periódico del día siguiente, con una sensación de tecnología anquilosada de la primera revolución industrial, es que se acabó.
Ya no hay dinero para pagar el periodismo de investigación. Ya no hay pasta para costear los millones de árboles talados, los rollos, las furgonetas, la distribución… la tinta que ensucia las manos.
En el título y durante el post he escrito eso del periodismo que “ya nunca leeremos”. Una pequeña provocación.
Por supuesto, el soporte no tiene nada que ver en todo esto. Los contenidos de calidad se podrán leer en Internet, en papel o en el aire. Es una cuestión, como siempre, de rentabilidad.
Simplemente “tardaremos en volver a leerlo”. De aquí a que Internet sea lo suficientemente rentable para costear el buen periodismo, ese que destapa corrupciones políticas, que investiga, educa y emociona, que entrona a artistas desconocidos o fuerza a empresas faltas de ética a echar el cierre, de aquí a que eso ocurra exclusivamente en la Red, pasará mucho tiempo.
Esperemos que poco. Por la ilusión de todos los que nos dejamos la piel, y la esperanza, en esto.
Foto 1: Imdb; Foto 2: Marta Herencia
Kindle DX: Pantalla grande, precio enorme
¿Es éste el “periódico” del futuro? Amazon acaba de presentar su Kindle versión XXL: pantalla de 9.7 pulgadas, interfaz giratorio (como en el iPhone), capacidad para almacenar 275.000 libros y soporte de PDFs.
Su precio de venta suena como un buen puñetazo: $489. En un mercado donde el solape de los eReaders con los smartphones y los netbooks es cada vez mayor, convertir el Kindle DX en un gadget de masas a ese precio se me antoja más que complejo.
Sobre cómo el Kindle puede ayudar a la prensa a salir del bache, pocos detalles, me temo.
The New York Times, The Boston Globe (que hoy precisamente se ha librado del cierre) y The Washington Post ofrecerán a partir de este verano el Kindle DX subvencionado a cambio de una suscripción a los periódicos de más de un año
El consejero delegado de The New York Times, Arthur Sulzberger Jr. dijo, literalmente. “We’ve known for more than a decade that one day an e-reader product would offer the same satisfying experience as reading a printed newspaper”.
Calificó la alianza con Amazon de un experimento para probar nuevas estrategias de distribución digital.
¿Funcionará? Quizás se convierta en un minúsculo parche en el agujero financiero que empiezan a arrastrar las grandes cabeceras de todo el mundo. Pero, en tres meses, el tiempo que tardará en aterrizar el aparatito en EE.UU., probablemente ya hayan muerto unos cuantos periódicos más al otro lado del charco. Tal es la urgencia.
Mientras, en Europa, en España, la pregunta es cuánto tardará la primera cabecera de pago (grande o mediana) en derrumbarse. Aquí a los Kindles se les llama EREs y a los eReaders recortes de sueldos, de colaboradores, de tarifas…
Eso sí, una estadística impresionante que dejó escapar Bezos. Despues de 18 meses de su lanzamiento, el Kindle ya supone el 35% de las ventas de los libros que están disponibles tanto en papel como en digital. El dato rafica el poder del lector electrónico para revolucionar la industria editorial y académica (libros de texto en escuelas y universidades)… pero, ¿también la prensa?.
¿Amazon al rescate de la prensa?
Ha sido la noticia del día. La leí esta mañana en el New York Times online, lo posteé en Twitter, y ahora recojo un par de impresiones después de haber leído otras tantas.
Este miercoles día 6, Jeff Bezos saldrá otra vez a escena para anunciar un nuevo Kindle. Amazon no ha confirmado qué presentará, pero el NYT avanza que será un Kindle de pantalla más grande, especialmente pensado para leer revistas y periódicos.
Un terminal, dice el NYT, que podría salvar a la prensa al dar con una nueva plataforma de difusión (y cobro) de contenidos.
Algunos lo apuntan muy bien. No es la plataforma, es el modelo de negocio el que hay que reinventar. Aunque, si pensamos primero en la plataforma, se me ocurren unos cuantos obstáculos por los que la esperanza del NYT es una falsa alegría:
- Portabilidad: el bolsillo lo tenemos lleno de gadgets. MP3, móvil, smartphone… Un eReader del tamaño de una hoja DIN A4 simplemente no es portable. Quizás haya hueco para utilizar uno en casa mientras leemos un domingo en el sofá. Pero ¿realmente tendrá el poder de sustituir o complementar al portátil del hogar? Lo dudo.
- Precio: el NYT hace referencia al Plastic Logic, pero, tal y como la empresa lo posicionó el día de su lanzamiento, este dispositivo está pensado para usuarios de negocio, no de consumidor final. Lo que probablemente lo sitúe por encima de los $500. ¿A qué precio saldrá el nuevo Kindle? Desde luego, no menos de la última versión, $359.
- Funcionalidades: tal vez veremos un Kindle en color (espero), que ofrezca una sensación más cercana a la de leer la prensa directamente en la Red, aunque sin WiFi ni navegador abierto. Es decir, un Kindle capado, pero más grande. No es suficiente para compensar el obstáculo del precio y la portabilidad.
Y, en cuanto al modelo de negocio, no funcionará trasladar el pago por un periódico en papel al pago por acceder al contenido via Kindle. La gratuidad del acceso en la Red via smartphone o portátil es demasiado tentadora.
Creo que el futuro modelo pasa por establecer un nutrido ecosistema de canales de ingresos, que gire en torno a la Red como hoguera central, y se ramifique a redes sociales, compartición de contenidos, acceso vía móvil, Kindle, publicidad, micropagos y muchos más.
El “Big-Screen Kindle”, si llega, no amasará ni el 1% de los ingresos de una gran cabecera en los próximos tres años. Tal y como está la situación, que surja un canal adicional y genere el 0,01% de ingresos adicionales es de por sí una buena noticia. Pero no da para salvar a la prensa. Por desgracia. A ver qué opina Bezos.
Foto: gotkindle
The New York Times, al borde del precipicio
Si los resultados globales que ha presentado The New York Times para el primer trimestre del año han sido desastrosos, con una pérdida de 74,5 millones de dólares, la evolución de sus ingresos en Internet es aún más preocupante.
El gráfico lo dice todo. Desde el segundo trimestre del 2008, una caída acumulada de sus ingresos por publicidad online del 20%.
En palabras del CEO del periódico, Janet Robinson, la prioridad ahora es buscar “nuevos canales de pago para los contenidos online” con la esperanza de salir del hoyo…
Agárrense, que vienen muchas curvas.
Via Ana B. Nieto
