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Smartphones : Wishful thinking

¿Cuánto dura (y debería durar) un smartphone?


Haga memoria: ¿cuánto hace que compró el smartphone que lleva en el bolsillo? Si la respuesta es hace dos o tres años es muy probable que haya empezado a inquietarse con lo lento que abre el email, carga una aplicación, responde al teclear o activa la cámara y procesa una foto.

Hace unos días mantuve un debate en Twitter con Ángel Jiménez de Luis justo sobre este tema: ¿Es normal que un smartphone de dos o tres años de antigüedad funcione bastante peor que al principio? ¿Están los fabricantes acortando deliberadamente la vida útil de los móviles para empujarnos a comprar uno nuevo antes de lo necesario? ¿Se puede hablar de obsolescencia programada?

La postura de Ángel era que no, que uno puede seguir con un smartphone de hace tres o cinco años sin ningún problema. La mía era la contraria. En mitad del debate tuitero le propuse una idea: utilizar un iPhone de primera generación durante un mes y contar las conclusiones en un post.

Lo hizo, más o menos: transformó la idea en un “reto entre ambos” y redujo el mes de uso que le propuse a una semana. Pero venga, aceptamos barco.

Tras el experimento, sorpresa, su conclusión no ha variado: el iPhone de hace cinco años, dice, funciona casi de perlas. En realidad es nuestro deseo de estar a la última el que nos hace pensar que es un equipo inservible. No hay obsolescencia programada sino deseada. Ya.

Su post está muy bien llevado pero creo que sufre un problema de base: parte de definiciones erróneas sobre qué es y no es obsolescencia programada. Además, se olvida de la verdadera intención de la industria tecnológica al saltar del PC al smartphone: recortar los ciclos de venta, salirse de un producto commodity, el PC, y maximizar el margen de beneficio. De esto Apple sabe un rato y el resto está aprendiendo a base de copiar y tropezar a partes iguales.

Vayamos por partes:

1) Obsolescencia y definiciones. Conviene aclarar primero qué es y no es obsolescencia programada. Ojo, no se trata solo de presentar un producto cada año con mejoras incrementales, se trata de que, como resultado de esas mejoras, el producto anterior deje de funcionar igual que al principio. Eso se llama obsolescencia funcional. Si además el fabricante lo hace de forma más o menos deliberada, se llama obsolescencia programada o planificada.

La distinción es importante: no solo hablamos de obsolescencia deseada (término que acuñó el periodista Vance Packard en 1960), es decir, del deseo de los “early adopters” de actualizar por querer estar siempre a la última. Hablamos de obsolescencia funcional programada: el producto no funciona igual que al principio tras un periodo de tiempo demasiado corto fruto de una estrategia comercial planificada.

2) El “experimento”. ¿Qué es eso de que “no funciona igual que al principio”? Ángel hizo su experimento con el iPhone de primera generación durante una semana; yo llevo haciéndolo con mi 3GS desde hace seis meses. Lo compré exactamente el 10 de febrero del 2010, es decir, hace dos años y un mes. Me costó 229 euros.

No funcionar igual que al principio es simple: su velocidad de respuesta para hacer cualquier cosa (abrir email, teclear, descargar apps, hacer fotos…) se ha reducido muchísimo respecto a la velocidad inicial. Difícil dar una cifra, pero diría entre un 30% y un 40% sin miedo a quedarme corto. El móvil era prácticamente un ladrillo con iOS 5. Lo actualicé a 5.1 y ha mejorado, pero la experiencia sigue siendo frustrante.

Por supuesto ocurrió lo mismo con el iPhone 3G, los usuarios se quejaban de que se convertía en pedazo de plástico tras actualizar a iOS 4; ocurre con el 3GS y ocurrirá con el iPhone 4 en el 2013. Por cierto, miles de dueños del iPad 1 se quejan exactamente del mismo problema. Es como si Apple nos forzara constantemente a embutir el motor de un Ferrari (SW y apps) en la carrocería de un Seat Panda.

Para los “early adopters” no es un inconveniente, se compran el último y andando. Pero para el “mass market” sí: solo dos años después de comprarlo la experiencia de uso empeora. Y no es una percepción ni una filosofía de ir a la última, es un hecho. Los usuarios menos intensivos pueden ir tirando uno o dos años más, pero para los más activos es un engorro, el producto se ha quedado obsoleto funcionalmente en poco más de dos años.

3) No es el hardware, es el software y el ecosistema. Me parece un error pensar que el motivo de esta obsolescencia funcional se debe solo al hardware, a la ley de Moore y al avance de la tecnología. Eso explica solo una parte de la ecuación.

El verdadero motor de este modelo está en los ciclos de actualización de los sistemas operativos y el ecosistema de aplicaciones que Apple ha diseñado a la perfección. El iPhone de 2007 quedó descontinuado solo tres años después de su lanzamiento al no ser compatible con iOS 4. Al iPhone 3G le pasó lo mismo con la llegada de iOS 4.3.

Aquí hay una tabla muy interesante que muestra la evolución. El próximo en caer será el 3GS con la llegada de iOS 6. Es decir, cada tres años Apple “mata” un teléfono por incompatibilidad del sistema operativo.

¿Se puede seguir utilizando? Sí, pero con una experiencia muy inferior. En el caso del 3GS, que se lanzó con iOS 3, Apple ha venido forzando a todos sus clientes a actualizar a la nueva versión del sistema, así hasta 5.1. Y no solo a los clientes, también al ecosistema de desarrolladores. Por supuesto, puedes escoger no hacerlo, pero Apple da cero facilidades: te inunda el móvil de iconos que no desaparecen hasta que actualizas y, si no lo haces, las versiones antiguas de las apps acabarán dando problemas.

El control absoluto de Apple sobre el hardware, el sistema operativo y el ecosistema de apps le permite avanzar todo ese “stack” a un ritmo de 2-3 años. Si eliges quedarte atrás, tendrás problemas de incompatibilidades. Si actualizas tu teléfono, acabará ralentizándose hasta la desesperación. De cualquier forma, estás atrapado.

Por supuesto Google, Microsoft y demás han cogido buena nota e intentan imitar el modelo. Windows Phone empieza a mostrar problemas similares. En el caso de Android, curiosamente la enorme fragmentación de la plataforma juega en este sentido a su favor: crea modelos de teléfonos estancos en una versión de Android que no puede actualizarse y se adapta así al perfil de muchos usuarios intermedios. El ciclo de usabilidad del móvil es algo mayor aunque la incompatibilidad de las apps acaba creando problemas similares.

4) Del PC al “Post-PC”. Apple ha sabido transformarse mejor que nadie de fabricante de ordenadores a gigante de movilidad. Y lo ha hecho por un sencillo motivo: el PC es un producto commodity, con ciclos de renovación de 5-6-7 años y escaso margen de beneficio. Que se lo pregunten a HP, Dell, Acer y compañía que ahora buscan saltar a los ultrabooks para huir del horror de los netbooks que les llevaban a la ruina.

El ecosistema de software de PC es opuesto al de los smartphones: no hay renovaciones de sistema operativo cada año ni apps actualizables via Internet. Se trata de una plataforma estable en la que el consumidor tiene la sartén por el mango. Y a Apple, claro, eso no le gustaba.

Con el iPhone Jobs reinventó todo eso. Una plataforma actualizable cada 2-3 años, con un ecosistema externo pero controlado por Apple que le ayuda a empujar al consumidor en esa transición. Funciona tan bien que incluso emplean esta táctica de obsolescencia en el Mac. iCloud solo funciona con Mac OS X 10.7.2 Lion y iOS 5 en adelante. Si tienes un Mac o un iPhone anterior, o actualizas o eres expulsado del reino de las nubes. ¿Podría Apple hacer iCloud compatible hacia atrás? Claro. La cuestión es que no le saldría tan rentable.

5) La dudosa estrategia de rebajar smartphones desfasados. El resultado de toda esta estrategia de obsolescencia vía software son smartphones desfasados que Apple decide rebajar. En lugar de fabricar varios modelos de iPhone con hardware y software (SO y apps) de gama intermedia adaptados a diferentes perfiles de usuario, endosa un único móvil obsoleto a precio de saldo que no aguantará un par de años más sin que el dueño lo estrelle contra la pared.

Nokia estará de capa caída pero su estrategia de lanzar cuatro smartphones de una misma familia (Lumia 900, 800, 710 y 610) tiene todo el sentido del mundo desde el punto de vista de llegar al mercado masivo. Eso sí, está por ver cómo empuja con Microsoft las actualizaciones e incompatibilidades.

Dicho todo esto, volvamos al inicio. ¿Cuánto debería durar un smartphone? La respuesta es sencilla: lo que al consumidor le de la gana, sin condicionantes. Estoy con Ángel en que la era de los smartphones acaba de nacer, es un producto inmaduro y es de esperar que los ciclos de obsolescencia se alarguen. Pero de momento la realidad es que Apple y la industria marcan los ritmos y al usuario de a pie solo le quedan dos opciones: quejarse o aplaudir.




¿Salvarán Elop y Lees a Nokia y Microsoft?

Quédense con estos nombres: Andrew Lees y Stephen Elop (”el señalado”, en la foto).

Son las personas que podrían resucitar o condenar para siempre a Microsoft y Nokia en el móvil.

Apuesto a que pocos directivos quisieran estar ahora en su lugar. La presión es enorme.

Microsoft presentará Windows Phone 7 el próximo 11 de octubre (fecha no confirmada oficialmente, pero por ahí caerá). De su adopción, cuya acogida inicial ha sido aceptable, dependerá el futuro de la compañía en el mundillo de la movilidad.

Uno de los jefes de Samsung España me lo comentó el otro día abiertamente: “nos hubiera gustado que Windows Phone 7 hubiera llegado mucho antes, pero la situación es la que es…”. Y la situación es que la cuota de mercado mundial de Windows Mobile en smartphones ha caído desde un 12% en el 2008 al 5% actual.

Pero lo malo no son las cuotas, ni las predicciones (que son solo eso, predicciones), ni que Microsoft se la juegue en smartphones. Lo realmente delicado es que su futuro en la electrónica de consumo y contenidos digitales pende de un hilo.

Piensen en tablets. ¿Dónde están los de Redmond? Desaparecidos. ¿webTV? Desaparecidos. ¿Buscadores y publicidad online? Un quiero y no puedo. ¿Música y reproductores? Inexistentes… Todos estos son, como le gusta decir a Ballmer, negocios de más de 1.000 millones de dólares.

Microsoft (quitando Xbox) sigue siendo Office, Windows para PCs y herramientas de empresa. Un gran negocio para el presente pero una pésima apuesta de futuro.

¿Y Stephen Elop? Un gráfico publicado en The Guardian muestra el verdadero problema al que se enfrenta: los ingresos de Nokia crecen pero sus beneficios se desploman (un 56%, por ejemplo, si comparamos el primer trimestre de 2010 con el de 2008).

Tras un tibio Nokia World, le quedan por delante demasiados retos: hacer olvidar fracasos como el Booklet 3G o el N97, aclarar la dirección futura de MeeGo y, sobre todo, devolver a Nokia al primer puesto en diseño, innovación y marca con gancho.

Ojo, ni Microsoft ni Nokia han muerto. Por seguir la rima, se han ido de parranda. Y quizás regresen más fuertes que nunca. Pero si en un año los nombres de Andrew Lees y Stephen Elop no le dicen nada, mala señal.

Google TV: a por la tercera pantalla

A Google no le basta con dominar una pantalla (la del PC), ni dos (la del móvil). Quiere colarse en una tercera, la más vista, la del televisor.

Hace apenas una hora el buscador ha presentado GoogleTV por todo lo alto: Eric Schmidt al frente y los CEOs de Sony, Intel, Adobe, Logitech, Best Buy y Dish Network en escena. Casi nada.

Una impresionante muestra de su poder y todo un puñetazo a Apple y Microsoft, que fracasaron en el pasado (con Apple TV y Windows Media Center) en su intento de convertirse en los reyes del salón.

¿Qué es GoogleTV? Básicamente una plataforma de software basada en Android que une “mágicamente” la televisión tradicional y la web, lo mejor de ambos mundos en uno.

A través de una TV conectada a Internet, con entrada HDMI, potente procesador y un mando a distancia especial, Google pone una cajita de búsqueda en la pantalla con la que poder encontrar canales, vídeos de YouTube, navegar por la Red o acceder a aplicaciones del Android market.

Podéis ver aquí, o en decenas de blogs, el vídeo oficial que lo explica muy bien.

Para los anunciantes, las posibilidades que abre son brutales. En EEUU, una persona pasa una media de 5 horas al día delante de la TV. Allí este medio absorbe más de 70.000 millones de dólares en gasto publicitario. Hay más de 4.000 millones de telespectadores potenciales en el mundo. Hagan números.

Para el usuario, acaba con la eterna división entre el PC y la TV, que ni AppleTV ni el iPad pudieron (ni pueden, de momento) solucionar.

GoogleTV llegará a EEUU este otoño en tres modelos de televisores Sony. Aún no hay detalles de cuándo estará en Europa. Utilizará Chrome como navegador y será compatible con Flash Player 10.1 (sí, pese a lo que diga Jobs, Flash no está muerto).

A partir de ya, los programadores podrán optimizar las webs para que se vean bien en GoogleTV. A comienzos del año que viene se hará público el SDK para que puedan crear aplicaciones y en verano del 2011 el código de la plataforma será liberado (open source).

Es absurdamente pronto para saber si esto funcionará o no, pero creo que tiene grandes posiblidades. ¿Por qué?

- El ecosistema inicial de lanzamiento es muy completo: Google, Sony, Adobe, Intel y Best Buy aseguran que esto funcionará en todos los puntos de la cadena. Pronto los Samsung, LG, Qualcomm y compañía saltarán al ruedo.

- Apple y Microsoft están muy lejos de situarse en ese punto central que Google quiere dominar. Apple, de momento, no tiene el músculo para dar el salto y Microsoft se ha dormido en esto del salón. Para cuando ambos despierten, Google ya les llevará ventaja, igual que la ha tenido en los últimos cinco años en la web.

- Si los desarrolladores y anunciantes compran la idea (ambos supuestos muy factibles, dado el peso que empieza a tener Android), Google habrá destapado y conquistado de un sólo tiro un nuevo mercado.

Mi duda respecto a todo esto es más cultural que otra cosa. ¿Cómo reaccionará el consumidor? Genial para frikis pero, ¿y la masa?

Llevamos 40-50 años interactuando con la TV de la misma manera: desde el sofá, con un mando y a 3-4 metros de distancia. Poco más. La interacción con la web, con el PC, con el móvil, es de centímetros. Leer webs, buscar vídeos o twittear a cuatro metros, por muchas 42 o 50 pulgadas que tengas, no es en absoluto cómodo… veremos.

Respecto a Android en el móvil, muchas novedades, aunque la mayoría pequeños detalles.

Vic Gundotra, VP of Engineering en Google, se ha quedado a gusto dando bofetadas dialécticas a Apple. Hasta en 6 ocasiones ha intentado dejar en evidencia la estrategia de Steve Jobs, especialmente respecto a Flash.

¿Novedades clave?

- Llega Android 2.2 (Froyo, en nombre preliminar). Decenas de nuevas funciones, como soporte a Microsoft Exchange para empresas, reconocimiento de voz y sincronización en la nube de aplicaciones web entre el PC (con Chrome) y el móvil. Un enorme avance respecto a iPhone OS4.

- Datos: Android ya es la segunda plataforma en EEUU en venta de smartphones por detrás sólo de RIM. Se activan 100.000 móviles Android al día y cuentan con 50.000 aplicaciones en el Android Market y 180.000 desarrolladores. Cifras muy fuertes.

- Publicidad: en realidad, poco que decir. Veremos banners con rich media y videos en Android 2.2, y poco más. Aquí creo que Google se arriesga a perder la batalla con iAd. La visión de iAd para el anunciante, en cuanto a la interactividad y el poder del anuncio/aplicación, es mucho más completa.

Cierto, Apple es cerrado y obsesivo, y eso le puede costar caro, pero a Google todavía le queda mucho por mejorar en su plataorma de publicidad en el móvil.

Mobile World Congress 2010: Apps, apps, apps…

Sabíamos que las aplicaciones iban a dar que hablar en el Mobile World Congress (MWC) de Barcelona este año. Pero, la verdad, no tanto.

Los dos principales fabricantes de celulares del mundo, Samsung y Nokia, se han desmarcado con iniciativas a cada cuál más sorprendente.

Primero el coreano, en un evento por todo lo alto (bailarinas voladoras incluidas) el domingo a la noche. Presentó Wave (en la foto), un móvil interesante, con pantalla Amoled de 3,3 pulgadas y demasiadas funciones (precio esperado de 330€).

Pero eso fue lo de menos. Lo que realmente llamó la atención fue Bada: para unos un sistema operativo basado en Linux (como dice la coreana), para otros una plataforma abierta de desarrollo de aplicaciones.

¿Tenía necesidad Samsung de inventarse un “sistema operativo”? ¿Hay hueco para otro en el mercado? Bada, pese a lo que afirma Samsung, parece más una plataforma de desarrollo cuyo “front-end” es Samsung Apps. Lo de SO, suena más un gancho de marketing que otra cosa. Habrá que ver la reacción de los desarrolladores.

Pero si lo de Samsung fue un movimiento arriesgado, lo de Nokia e Intel fue aún más allá. Ambos gigantes han anunciado MeeGo, la fusión de las plataformas Moblin de Intel y Maemo de Nokia, ambas basadas en Linux. La decisión tiene sentido desde el punto de vista de la consolidación: hay demasiadas plataformas, demasiada fragmentación. Con MeeGo, se reduce la complejidad para los desarrolladores.

Pero presentar una nueva dirección para Maemo, apenas un año después de su estreno oficial, y después de haber lanzado el N900 el pasado Septiembre, creo que envía una señal muy confusa. O como comentaba esta mañana en la rueda de prensa, un bandazo en toda regla. Tal vez el bandazo adecuado a largo plazo, pero de momento, arriesgado.

Por su parte, Microsoft ha presentado su Windows Phone 7 Series: el sistema operativo de los Windows Phone del futuro. Sinceramente, una grata sorpresa.

Su concepto de interfaz de usuario es completamente nuevo. Nada de iconos “a la Apple”, como toda la industria se ha empeñado en copiar. Windows Phone 7 se organiza en “tiles“, o baldosas de contenido, y en torno a centros o “hubs”: un área para juegos, otra para vídeos y música, otra para productividad, otra para contactos… y lo que es más interesante, integra toda la actividad dispersa en servicios web y aplicaciones. Una línea apuntada también por Samsung con el Wave y en la que ni iPhone ni Android han entrado.

Lo malo: hasta Navidad del 2010 no veremos Windows Phone 7 hecho realidad en teléfonos de LG, Samsung, HTC o Sony Ericsson, algunos de los partners de lanzamiento. La presencia de otros socios, como Toshiba, Garmin-Asus, HP o Dell, indica que llevarán el concepto más allá del celular a otros dispositivos móviles e incluso televisiones.

AT&T y Orange serán los operadores de referencia en el lanzamiento de los Windows Phone 7 Series (en EE UU y Europa, respectivamente), pero Telefónica también está a bordo, tal vez en una segunda fase en el 2011. Ese es el problma, demasiado lejos para tanta promesa.

Por lo demás, el MWC ha dejado hasta ahora otro buen puñado de noticias interesantes. Siguiendo con la fiebre de las apps, la asociación de 20 operadoras para crear la Wholesale Applications Community, donde están todas las grandes. O el anuncio de Vodafone de lanzarse a vender libros electrónicos, dentro de su servicio 360.

Aún así, después del primer día, algo está claro: las aplicaciones (y sus tiendas, y sus plataformas abiertas), mandan.

Por cierto, este es el vídeo que utilizó Microsoft en la presentación de Windows Phone 7 Series… parece que hay esperanza:

La televisión en el móvil sí funciona en EE.UU.

Hace un tiempo hablamos del tema: el fracaso de la televisión en el móvil en Europa. Televisión en el móvil entendida como TV en directo soportada por un sistema de retransmisión, en lugar de descargas de vídeos via streaming a través de 3G.

Lo segundo es lo que ya tenemos desde hace un tiempo en España. Entre Movistar, Vodafone y Orange, apenas superan los 300.000 suscriptores, según la CMT.

Frente al streaming, la adopción de DVB-H, el estándar recomendado por la Comisión Europea para broadcast TV, ha fracasado estrepitosamente en media Europa. Ni Alemania, ni Francia, ni Reino Unido… únicamente Italia parece algo más animada a consumir TV sobre la marcha.

El problema en Europa se puede resumir así: aparente falta de interés de los consumidores y dificultad de acuerdo entre operadores, fabricantes, canales de televisión y anunciantes para llegar a un modelo de negocio beneficioso para todos.

A ello habría que añadir, en una fase posterior, el precio mensual del servicio, disponer o no de contenido de valor añadido en el móvil, contenido premium (shows, eventos deportivos, documentales…) y compatibilidad de terminales.

Mientras aquí vivimos en el limbo del DVB-H, en EE.UU. Qualcomm ha tomado las riendas y ha lanzado con Verizon (2007) y AT&T (2008) un red de retransmición basada en su tecnología MediaFLO. El resultado es un servicio que impresiona.

Aún no se conocen datos de suscriptores a MediaFLO. Y la ausencia de cifras siempre levanta sospechas sobre el éxito real del servicio. Pero la tenología, sin duda, funciona.

En el siguiente vídeo lo podréis ver. La duda es saber si Qualcomm se atreverá a desembarcar en Europa con su propio estándar. Tal vez en Reino Unido.

No será fácil. Han pasado demasiados años desde que se dijo por primera vez que la TV en el móvil sería un “hit”. Y las promesas incumplidas, pasan factura.

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