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Wishful thinking

Tendencias y ‘hype’ en el Mobile World Congress


Otro año más en el MWC de Barcelona y van cuatro.

Venir esta vez ha tenido un precio: un Dell XPS que se me quedó frito entre los dedos el primer día, ayer por la mañana, para empezar bien el lunes. Y así, plof, de repente, fuera de juego. Lo de la dependencia tecnológica nos lo tenemos que hacer mirar.

Superados los imprevistos, he podido ir de aquí para allá, trastear con smartphones y escuchar buenas y malas nuevas.

Como siempre, lo más difícil del MWC es diferenciar entre el ruido y lo esencial, entre las novedades diseñadas a golpe de PowerPoint, porque algo hay que presentar, da igual que luego se lo lleve el viento, y las que realmente tienen un impacto más allá de la palabrería.

Ha habido más de lo primero que de lo segundo. Tanto que incluso de lo más destacado ha salido de terreno patrio, la decisión de Telefónica de financiar smartphones de alta gama para que más gente pueda permitirse uno. La pujanza de los fabricantes chinos Huawei y ZTE ha sido otra de las sorpresas, y bienvenida. Cuanta más competencia mejor.

Pese al la calma chicha, este año el smartphone ha recuperado protagonismo. La anterior edición podría haberse rebautizado como el “Tablet World Congress”. Pasada la euforia, los fabricantes se han vuelto a centrar en los móviles para intentar presentar algo nuevo.

Lo han conseguido solo a medias. Quitando los procesadores de cuatro núcleos, diseños ultrafinos y sensores de 41 megapíxeles, poco más que rascar. Mientras en los pasillos ya se oían murmuros sobre el iPhone 5.

Pero al grano. Ahí va lo que más me ha llamado la atención de estos dos primeros días:

- Caras nuevas. Entre los modelos presentados han destacado el Sony Xperia S, el primero sin el lastre de Ericsson, las tres versiones del HTC One, y el Ascend D de Huawei (en la foto). Panasonic intenta regresar a Europa en móviles con el Eluga Power, con NFC para pagos y una batería que se puede recargar al 50% en media hora. Curioso, se habla poco o nada de baterías en la feria y es el principal punto de queja de los consumidores.

- Nokia sigue buscando. La finlandesa ha regresado con stand propio al MWC y con tres nuevos modelos, el Lumia 900 (480 euros), Lumia 610 (190 euros) y el PureView, que incorpora un sensor para fotos de 41 megapíxeles (en realidad un máximo de 38). Me temo que la expectación que ha levantado el PureView va a ser tan sonora como el fracaso. Después de probarlo un rato, de inspeccionar los cientos de funcionalidades de edición de vídeo e imagen, sigo sin verlo: ¿para qué quiere un usuario medio un móvil con cámara en esteroides? ¿Para qué quiere un fotógrafo profesional una producto inferior al equipo que está acostumbrado? Por más que le hice estas preguntas a la gente de Nokia en las demos, no supieron responder.

- Tablets en segundo plano. Se han presentado unas cuantas tabletas. Las más interesantes el Media Pad de Huawei, que ha entrado fuerte: procesador de cuatro núcleos, 10 pulgadas y muy fina, solo 8,8 milímetros de grosor, y el Samsumg Galaxy Note 10.1, con lápiz digital. Asus ha aireado su Padfone, en realidad un híbrido entre tableta y móvil. Ver, tocar y siguiente. El típico producto que los consumidores nunca acaban de entender.

- Imperio Android. En apenas un par de años Android se ha colado en las tabletas y smartphones de todos los fabricantes, ha vuelto a dominar por completo la feria eclipsando a Microsoft y a su alianza con Nokia. Y no solo en EE.UU. y Europa, en Latinoamérica, con Brasil como motor, Android es de largo el sistema operativo dominante.

En todo el mundo se activan 850.000 equipos Android cada día. El problema sigue estando en la fragmentación y la seguridad. Kaspersky Labs lo apuntaba en su rueda de prensa: el 75% del malware en móviles se detecta en equipos Android. Y no por ser más inseguro, sino por ser mucho más abierto y tener mayor cuota de mercado, lo que le hace un blanco muy apetecible para cibercriminales.

Vistas las novedades, un par de cucharadas de ‘hype’:

- Pagos. Verifone, Visa y compañía han mostrado sus acuerdos para llevar de una vez los pagos al móvil de forma masiva pero la realidad es que el NFC está aún muy lejos de incorporarse de serie a la mayoría de smartphones. Además, falta por actualizar toda la infraestructura de pagos en las tiendas. Otro año será.

- Repelentes de agua. Difícil esquivar las urnas de agua con móviles y tabletas hundidos en el fondo. En el ShowStoppers hubo hasta tres pequeñas compañías “rociando” con repelente de agua a todo el que se les acercaba. El Motorola Defy y el Panasonic Eluga también presumían de repelencia. Me cuesta creer que vayamos a hablar de este tema el año que viene. Por favor, más baterías de larga duración y menos impermeables.

- Procesadores de cuatro núcleos. A Qualcomm, Intel y Nvidia les ha dado por saltar a los procesadores de cuatro núcleos. ¿Las ventajas para el consumidor? Realmente escasas. Sin contenidos que aprovechen el tirón en gráficos y velocidad, poca diferencia vamos a notar. Si los desarrolladores se lanzan a crear juegos y apps más complejos que expriman bien el chip, vale. Hasta entonces, llamémosle hype, físico y palpable, pero hype.




A Silicon Valley le importa (poco) tu privacidad


Actualización (17/02/2008): Ayer comentábamos que esta vez Google se había librado de culpas y justo hoy el WSJ destapa otro berenjenal de privacidad: al parecer el buscador y otras empresas eludían las medidas de seguridad de Safari para “espiar” los hábitos de navegación de los usuarios en iPhones, iPads, Macs… con el fin de ofrecerles publicidad más relevante. Google ya ha solucionado el error aunque niega mala fe. Ayer me quedé corto, este post debería titularse “A Silicon Valley le importa poco (o nada) tu privacidad.

Actualización 2 (17/02/2012): Ícaro Moyano señala este post de Seth Godin sobre el tema, muy acertado: la privacidad es lo de menos, hace tiempo que estamos “desnudos” en Internet. Lo importante es que no nos engañen sobre cómo obtienen nuestros datos y qué hacen con ellos. Es decir, como digo más abajo, que no nos sorprendan… ejem, cabreen.

***

Privacy means people know what they are signing up for, in plain english, repeatedly”.*

No lo digo yo, lo dijo Steve Jobs hace año y medio. Y una de dos: o mentía o a Apple se le ha olvidado esa definición.

Hoy Nick Bilton, del New York Times, resume muy bien el último escándalo en Silicon Valley en torno a la privacidad.

Resulta que decenas de aplicaciones de iOS almacenan tu agenda de contactos, enterita, en sus servidores y sin tu permiso. En ningún momento te preguntan si lo autorizas o no, no hay opt-in/opt-out.

Y no estamos hablando de cualquier aplicación, hablamos de Instagram, Facebook, Twitter, Foursquare…

El tema de la privacidad y las aplicaciones es un viejo caballo de batalla. El año pasado se montó un espectacular cacao al descubrirse que el iPhone 4 almacenaba tu ubicación allá donde fueras. El revuelo fue tal que Apple tuvo que publicar una nota desmintiendo algunos puntos, admitiendo otros y lanzando una actualización de iOS que solucionaba el conflicto. El escándalo de Google y su espionaje de redes Wi-Fi fue igual de sonado.

Estos días se ha vuelto a liar tras conocerse que Path, competidor de Instagram, hacía algo parecido: almacenar tu agenda de contactos (nombres, apellidos, teléfonos, emails…) sin permiso. Para detener la avalancha de quejas, su creador pidió disculpas públicamente y cambió la política de la compañía.

La polémica ha servido al menos para que los desarrolladores vean las orejas al lobo y se lancen a actualizar sus aplicaciones. Sin embargo, no parece suficiente y, como cuentan en Venture Beat, estamos ante una especie de Salvaje Oeste.

Twitter, por ejemplo, no pide permiso y guarda esa información durante 18 meses. Instagram y Foursquare lo hacían sin avisar, ya no (foto). Facebook advierte al usuario que almacena esos datos, pero no da más opciones. Y otras, como Foodspotting, ni siquiera encriptan los datos para transmitirlos a sus servidores. Cada uno a lo suyo.

La situación es inaceptable se mire por donde se mire. Se ha establecido una peligrosa cultura en Silicon Valley, la de traspasar fronteras y rectificar solo cuando el usuario se subleva. Dado que millones de personas utilizan estos servicios en todo el mundo y que son los que marcan el paso en el sector, el problema se antoja serio y de fondo.

Facebook lleva forzando la cuerda de la privacidad desde el inicio. ¿Que la masa se enfurece? Pedimos disculpas, cambiamos la política y a otra cosa. Esa actitud ha calado y parece haberse transformado en una particular variante del “don´t ask, don´t tell“.

Uno puede tener la tentación de pensar que hay excusa, que estos errores, en parte, son comprensibles. Si creas algo que no existía antes no hay reglas, las escribes sobre la marcha, funcionas a base de prueba y error. Cierto. Pero, ¿qué hay del sentido común? Los datos personales son sagrados y si los usuarios se cabrean al conocer alguna decisión relativa a la privacidad, probablemente tengan razón.

Aun así, y por volver al inicio, quien realmente está metiendo la pata aquí, y hasta el fondo, no son los emprendedores, es Apple.

Google esta vez se libra, obliga a los desarrolladores a preguntar primero antes de transmitir los datos, pero el caso de Apple es especialmente contradictorio por la doble moral.

Pese a lo que explica Jobs en el vídeo debajo, la compañía no fuerza a las apps a pedir permiso al usuario para acceder a su agenda de contactos. Ni una palabra en su política con desarrolladores. Es más, se desentiende de la transmisión de los datos, le da igual que sea segura, encriptada o por señales de humo, se lava las manos.

Visto de otra manera: Apple, la neurótica compañía que, por ejemplo, censura la aplicación del iPad de la revista Muy Interesante por escribir “pene” y poner a un tío en bolas en la portada, aprueba sin miramientos aplicaciones que infringen la definición más básica de privacidad. ¿Alguien lo entiende? Ya somos dos.

*Por cierto, aquí va el vídeo de Jobs y su visión sobre privacidad, es de junio 2010. Suena excelente. Sonaría mejor si Apple lo aplicara a rajatabla.




Airbnb o la dudosa honestidad de una start-up


Estos días se habla mucho de Airbnb y a mí me da la risa.

Que vaya por delante una cosa: no tengo absolutamente nada en contra de la start-up ni de sus fundadores, lo que comento aquí es solo mi visión personal, pero no me resisto a tocar otra vez el tema ahora que vuelve a la actualidad.

Por lo visto la compañía va como un tiro: ha superado los cinco millones de reservas, acaba de abrir oficina en Barcelona y dice que España es uno de los mercados más exitosos donde los anfitriones han ganado más de 4,4 millones de euros alquilando sus apartamentos a extraños.

Si te has pasado antes por aquí ya conocerás mi experiencia con el servicio: fue un desastre, una autentica pesadilla.

Pero eso fue hace más de seis meses, la cosa habrá cambiado, pensé. Además, por cada experiencia negativa parece que surgen miles positivas. Siempre me digo lo mismo: me tocó la china.

El caso es que he vuelto a entrar a ver si ha cambiado algo desde que un amable anfitrión nos dejara tirados en Nueva York y, sorpresa, todo sigue igual.

Para empezar, el viajero sigue desprotegido. A raíz de los escándalos de robo, los chicos de Airbnb se han deslomado para cuidar al anfitrión, con un sinfín de medidas extra de seguridad, pero al viajero le pueden seguir cancelando hasta dos días antes, no tiene ningún tipo de compensación directa si le anulan la reserva con tan poco margen (para costear un hotel, taxis, llamadas en el extranjero…) y el sistema de reviews sigue funcionando mal.

Si te cancelan no puedes escribir una crítica negativa, el sistema lo impide. En teoría envía un mensaje automático que alerta sobre ese anfitrión, pero en realidad no es así. Al menos en mi caso Ruta S. sigue tan ancha alquilando su apartamento y no aparece ni una sola frase pública al respecto de mi cancelación.

¿Por qué limitar las reviews negativas? Es más sencillo: si entras y ves que anfitriones y viajeros se tiran los trastos a la cabeza te vas pitando a un hotel. Queda feo leer reviews negativas. O como dicen ahora los maketinianos 2.0, genera mal rollo y mata el engagement.

Haz la prueba, paseate por unos cuantos perfiles. ¿A que todo es rosa y luminoso como en el Valle? Claro. ¿Señal de que funciona a la perfección? Dudemos todos juntos. ¿Control absoluto de las reviews por parte de Airbnb? Ahí le has dado. A Tripadvisor ya le han pillado por algo similar.

La estrategia de Airbnb respecto al viajero es sencilla: tú arriesgate que si luego sale mal, intentamos solucionarlo con nuestro call center, algo apañamos. Es reactivo, no proactivo.

Algunos dirán, bueno, merece la pena, es mucho más barato que un hotel. Sí, salvo que no valores tu tiempo.

Contra los timos, robos y demás, han añadido muchos filtros sociales para autenticar a la gente. Rosa lo explica muy bien en su artículo sobre la llegada a España de Airbnb. Si quieres estar 99% seguro de que el anfitrión no es un caradura o el viajero un desvalijador, tendrás que pasarte horas y horas leyendo reviews y visitando perfiles de Facebook y Twitter para comprobar que son quienes dicen ser.

Y luego está el tema de los impuestos. Según Airbnb en España los anfitriones más activos se embolsan 10.000 euros al año por la patilla. ¿Declara la compañía y los anfitriones impuestos?

Jose A. Navas se lo preguntó ayer muy acertado a los fundadores: “Los impuestos dependen realmente del país“, dicen. Falso. Airbnb debería declarar impuestos aquí y empujar a los anfitriones de cada país a hacer lo propio. Los hoteles contra los que compite están obligados a ello. De lo contrario eso se llama competencia desleal y es un buen caso para Hacienda.

Le hice idéntica pregunta a Brian Chesky cuando le entrevisté a finales del año pasado en la sede de Airbnb en San Francisco y me salió con lo mismo: no es asunto nuestro. Chesky no solo dio largas en todas y cada una de las preguntas incómodas que le hice sino que encima respondía cabreado, con tono agrio y mirada amenazante en plan “don´t even try to f*** around with me…”.

Pero es justo parte del problema, si uno no se fía del capitán, tampoco se fía del barco.

Y para rematar, esto: un par de meses después de la entrevista con Chesky y casi cuatro tras mi accidentada reserva, recibí un mensaje del servicio de atención al cliente: se ofrecían a pagar la primera noche de hotel, por las molestias. ¿Cuatro meses después? ¿Por qué ahora?

Me dio por googlear Airbnb y ahí estaba una posible respuesta, en la primera página, bien arriba, “La pesadilla de viajar con Airbnb“. Ignoré el email y me dije que algún día debería escribir sobre ese ingrediente que cada vez brilla más por su ausencia en start-ups y CEOs metidos a nuevos ricos: la honestidad.




Facebook: buen negocio hoy, ¿gran negocio mañana?


Facebook ha abierto el melón. Por fin.

El tema tiene guasa. La red social no ha dado estos años ni una sola pista sobre la evolución de su negocio y, ahora, justo ahora, se ha pasado de transparente.

Si algo deja claro el documento que ha presentado a la SEC son dos cosas: Facebook hoy por hoy es un negocio sólido, muy sólido, quizás mucho más de lo que nos pensábamos y, a la vez, envenenado de dudas a medio y largo plazo. Dudas que de forma muy honesta ha deletreado Zuckerberg y compañía. Sí, normal y obligado en el papeleo que requiere la SEC, pero rara vez descritas con tanta claridad como ahora.

El documento lo podéis leer aquí (ánimo, son solo unas 170 páginas…). ¿Las claves? Ahí va un resumen rápido con las principales:

1) Facebook hace dinero, y mucho. El año pasado ingresó más de 3.700 millones de dólares, un crecimiento del 88% respecto al 2010 y del 378% sobre el 2009. Lo más sorprendente es su rentabilidad, 1.000 millones de $ de beneficios en 2011. Alguien lo comentaba en Twitter: Facebook genera más beneficios que Google ingresos cuando este salió a Bolsa.

Otros datos clave: la red social supera los 845 millones de usuarios activos al mes y dispone de bastante dinero contante y sonante, 1.500 millones.

2) Zuckerberg, dueño y señor. Ahora ya sabemos quiénes son los verdaderos dueños de Facebook. Por supuesto, Zuckerberg se ha hecho de oro: controla el 57% de la compañía, aunque de esas acciones él posee la mitad y el resto son propiedad de otros accionistas sobre los que él tiene derecho de voto.

La firma de inversión Accel Partners y la rusa DST Global poseen casi el 17%, el co-fundador Dustin Moskovitz un 7,6% y el fundador de PayPal, Peter Thiel, un 2,5%.

Y, sorpresa, entre los accionistas con menos del 1% está el CEO de Netflix, Reed Hastings y el padre de Zuckerberg. El documento no nombra a Microsoft, pero en teoría sigue teniendo una cifra en torno al 1% o menos de las acciones.

3) Demasiado Farmville y demasiada publi. Son dos de los mayores riesgos a los que se enfrenta Facebook: su excesiva dependencia de Zynga y de la publicidad. Zynga supone el 12% del total de ingresos de Facebook. Si a Mark Pincus le da por llevarse las ovejas a otra granja a Zuckerberg le da un ataque.

Y luego está la dependencia de la publicidad, que no es un riesgo en sí mismo (Google genera el 95% de sus ingresos de la publi y tan ancho), pero sí cuando se le añade la situación de inmadurez del mercado de las redes sociales. Hay competidores por todas partes y de todos los tipos y tamaños, desde los Twitters a los Google+ a redes verticales y por país.

Facebook tiene una posición dominante pero opera en una actividad excesivamente volátil. Cualquier cambio en las preferencias de los usuarios o de las marcas a la hora de llegar a sus clientes vía publicidad, supondría un misil a la línea de flotación de Facebook.

Además, que levante la mano quien sepa con certeza cómo funciona el sistema publicitario de Facebook, cómo segmenta eso que llama “advertising” en el papeleo. Ninguna explicación sobre el tipo de anuncios, mecánicas o ingresos por segmento.

4) Muy bonito hoy, ¿y mañana?
El impresionante crecimiento de Facebook esconde un inconveniente: imposible continuar a ese ritmo. Sus ingresos por publicidad crecieron “solo” un 69% entre el 2010 y 2011, modesto para estar en plena explosión. Facebook vende más anunicios y más caros y, aún así, sus ingresos por publicidad parecen estar llegando a un punto de saturación.

Lo mismo ocurre con el número de usuarios, y la prueba está en EE.UU., donde la red tiene menos usuarios activos (161 millones) que en Europa (229 millones). Al otro lado del charco ya ha alcanzado su punto de saturación, ¿cuánto tardará en alcanzarlo en Europa o Asia? ¿Y después qué?

5) Facebook pierde la batalla del móvil… y la del contenido. Es otro de los grandes “peros”: en la era de la movilidad Facebook aún no genera negocio en smartphones, tabletas y cacharros similares. Tiene 425 millones de usuarios en el móvil pero ni siquiera los rentabiliza con anuncios. Llegan tarde.

Y por cerrar, hazte esta pregunta: ¿para qué entras en Facebook últimamente? ¿Para comprobar qué música escuchan tus amigos, comprar un libro o acceder a noticias… o para cotillear, ojear fotos de amigos cubata en mano y vídeos virales de gatitos? Si Facebook no es capaz de generar engagement de calidad, lo tiene crudo.

Antonio Ortiz escribió un post muy bueno sobre este punto con el que estoy 100% de acuerdo. ¿Qué quiere ser Facebook de mayor: red social de cotilleos o centro social de contenido y entretenimiento? Si acaba en lo primero, un consejo para los accionistas: vender.

Foto: Andrei Christian.



Mike McCue, Flipboard: “Comprar un periódico será algo retro”


Flipboard es una de esas apps que por sí solas casi justifica el capricho de comprarse un iPad. Agregación de contenidos, diseño exquisito y conversación, todo en uno. Si añades Twitter y alguna que otra fuente de referencia no echarás de menos ningún ingrediente en tu dieta informativa.

La realidad está ahí, a favor y en contra. A favor: cinco millones de usuarios, 50 acuerdos con los principales medios (The New York Times, BBC, Wired…), contratos publicitarios en exclusiva con Condé Nast y una app del iPhone que arrasa. En contra: más de 60 empleados, 60,5 millones de dólares de inversión y un largo trecho hasta conseguir la rentabilidad.

Su fundador, Mike McCue, dice que la conseguirá cuando lleguen a 10 millones de registros. Veremos si aguanta la mecha.

McCue es un tipo muy respetado en el mundillo, lleva 20 años en Silicon Valley, fundó Paper Software (vendida a Netscape) y luego TellMe (vendida a Microsoft y ahora “competidor” de Siri). Esta vez promete no vender Flipboard pero lo dice con una sonrisa de oreja a oreja. Seguro que el fundador de Zite se reía igual.

A finales del año pasado tuve la oportunidad de entrevistarlo en Palo Alto, en la sede de Flipboard, un espacioso loft decorado con paredes en blanco nuclear, ‘graffitis’ urbanos y una cocina vintage. Así de bien se trabaja en el Valle.

Publicamos la entrevista hace unos días pero la charla dio de sí, estuvimos casi una hora hablando, bastante sobre el futuro de los medios, la publicidad online y el consumo de contenido digital.

Ahí van las preguntas y respuestas relacionadas justo con este tema, el ser y no ser de los medios, los tablets y la información online.

P. ¿Está la gente dispuesta a pagar por suscripciones a medios en tabletas?
R. Por cierto tipo de contenido, desde luego. Al Wall Street Journal, le va muy bien con las suscripciones, pero no todo el mundo es el WSJ. Hay muchas otras oportunidades para monetizar el contenido con anuncios de una página en el iPad al estilo del impreso sin necesidad de ponerlo detrás de un muro de pago.

Si quieres crear una audiencia de 10 millones de personas y tener un negocio sólido, creo que un modelo a base de anuncios es más duradero que la pura suscripción.

P. Se ha dicho muchas veces que los tablets ayudarán a “salvar” a los medios tradicionales. ¿Exagerado?
R. El HTML5, los tablets y el social media ofrecen nuevas oportunidades a los medios para transformarse y abrir otros canales de ingresos. Que eso vaya a salvarles o no es otra cosa, pero estoy seguro que aplicaciones como la nuestra jugará un papel en esa transformación.

El problema de los medios tradicionales está en su estructura de costes, es insostenible. ¿Cuáles son los principales gastos de un periódico? La gasolina, las furgonetas y la impresión. Luego viene el personal, periodistas, fotógrafos…

En la web el coste de distribuir el mismo contenido es sustancialmente menor, el problema es cómo ganar dinero. Si en papel tienes un millón de lectores en online tienes 10 millones pero generas una décima parte de ingresos. Además la web está captando poco a poco a lectores del papel que dejan de ir al quiosco y cancelan sus suscripciones en papel.

P. ¿Cuál es la solución?
R. Creo que hay un tercer modelo que toma lo mejor de cada mundo, del papel y la web. Es decir, no tener la estructura de costes del papel pero hacer suscripciones con un solo click y anuncios a página completa. La clave para que este modelo funcione es, primero, ofrecer contenido de mucha calidad y, segundo, diseñarlo y paginarlo de forma que sea bonito y accesible instantáneamente en un tablet.

P. Pero ya hay unos cuantos medios haciendo eso mismo, ¿no?
R. Es solo el comienzo. Ahora hay unos 40 millones de tablets, espera cinco años, habrá cientos de millones y se convertirán en la forma dominante en la que la gente leerá la prensa. Será entonces cuando tendrás contenido al estilo del papel, con el mismo diseño, la misma calidad y casi el mismo modelo de ingresos, pero sin toda la estructura de costes tradicional. Esa es la gran oportunidad.

P. ¿Desaparecerán entonces los periódicos impresos como soporte?
R. Comprar un periódico o una revista en papel se verá como una experiencia retro, casi de lujo. Pasarán 10 años hasta que esto ocurra pero entonces solo leeremos información en un tablet. Eso no significa que los medios desaparezcan, simplemente cambia el modelo de distribución.

P. ¿Qué le parece The Daily, el diario por suscripción para tablet liderado por Rupert Murdoch?

R. Es una iniciativa genial, un símbolo del tipo de proyectos frescos que deberían surgir. Tienen problemas para dar con el precio exacto a cobrar, pero crecen en suscriptores.

P. Al igual que ocurrió en su momento con Google News, se acusa a Flipboard de aprovechar el contenido de los medios sin compensarlos por ello…
R. Hay demasiadas empresas de Silicon Valley que creen que el contenido es gratis y ellos deberían tener acceso libre al mismo. Nosotros no estamos de acuerdo, solo mostramos el artículo completo si se muestra así en el RSS del medio o si tenemos un acuerdo explícito con ellos.

Creo que el modelo correcto es presentar contenido de forma que sea controlable y monetizable por el editor. Si lo conseguimos podremos construir un buen negocio tanto ellos como para nosotros.




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