Ingenieros arrepentidos

Sabía que era un tema encendido, con visiones extremas, delicado. Un problema al que no se puede dar la espalda. Del que se debe hablar. Porque sólo cuando se debate, surgen ideas y reacciones.

El reportaje “Ingenieros arrepentidos“, con pieza de apoyo, fue ayer el más visitado, votado y enviado del día en elpais.com. El más “meneado“, con referencias en decenas de blogs y mensajes en Twitter. He leído todos y cada uno de los comentarios y reflexionado sobre ellos.

Tal vez haya sido el artículo para el que hablé con más fuentes. De todas las edades, puntos de vista, responsabilidades y aspiraciones. Muchos no aparecen en el texto final, pero sus opiniones están condesandas de alguna u otra forma en cada palabra final publicada.

¿El punto de partida? Algo falla en la ingeniería informática y de telecomunicaciones (de grado medio y superior), cuando el número de graduados cae el 13% desde el 2002, cuando se licencian la misma cantidad de ingenieros en estas ramas que hace siete años pero la demanda laboral se triplica.

Algo falla cuando la insatisfacción laboral de muchos de ellos les lleva a quemarse a los pocos años de empezar su primer trabajo. Cuando el problema número uno de las compañías tecnológicas (servicios, desarrollo, hardware…) no es la crisis sino la enorme dificultad de contratar personal cualificado.

¿Qué falla? Complejo. El artículo apunta dos causas principales: el sistema educativo y la estrategia de gestión de personal de las empresas. Implícitamente hay un tercer factor, las personas. Y creo que el orden de influencia es precisamente este:

1) Sistema educativo: desconectado del mercado laboral. Ocurre en todas las materias, pero el sector tecnológico avanza muy rápidamente y la universidad se queda a años luz. Es, además, extremadamente teórico.
Y mal estructurado: exige a un chico/a de 16 años, cuando cursa bachiller, escoger las asignaturas optativas que le permitirán acceder más tarde a una ingeniería. Tener las cosas claras a los 16, salvo excepciones, es una utopía.

2) Empresas: la informática, tanto en las grandes y medianas consultoras y tecnológicas, como en cliente final, está infravalorada. Es una profesión incomprendida. Un alto porcentaje de ingenieros (informáticos y telecos) y FPs se sienten mal pagados y sin una guía clara en su desarrollo de carrera profesional.
La ausencia de mentalidad innovadora, y de presupuesto, empuja a las consultoras a centrarse en tareas commodity y repetitivas, y no en áreas de valor añadido, con mayor necesidad de empleados cualificados. Querer hacer de España un país nearshore a costa de imponer salarios bajos, es un flaco favor a la competitividad de la industria a largo plazo. Y si no que se lo pregunten a Infosys, Wipro o TCS.

3) Personas: ni el sistema educativo ni las empresas van a darnos nada hecho. Ni deben. El esfuerzo personal, la ambición, la claridad de ideas y el criterio nos pueden llevar allá donde queramos. Si algo he encontrado en mis conversaciones con informáticos y telecos para este artículo, es falta de claridad de ideas.
La mayoría, como ocurre en muchas otras carreras, no sabía qué materias estudiaría en la universidad. Al salir, pocos tienen idea de qué ofrecen las empresas y el tipo de trabajo disponible. Muchos piensan: “me gustan los ordenadores y los videojuegos, informática es lo mío” (literal de varias conversaciones). Normal que se arrepientan.

Dicho todo esto, quedan en el tintero cientos de matices. Cada uno daría para un blog en sí mismo. ¿Es la insatisfacción laboral de los ingenieros informáticos y telecos específica al sector, o transversal a muchos otros segmentos de actividad? ¿Es la situación en otros países europeos, o EE.UU. mejor o peor a la de España? ¿Acaso no tenemos el sector TIC, en volumen y condiciones laborales, que le corresponde a la madurez y desarrollo de la economía española?…

El número de preguntas podría ser infinito. Aunque algo está muy claro: no todos los informáticos, médicos, abogados, periodistas… pueden sentirse contentos y realizados en su trabajo. La cuestión es qué hacer (tanto a nivel individual como colectivo) para que al menos unos pocos más alcancen sus metas. Si es sólo el 1% adicional, ya habrá merecido la pena.