Periodismo, sartenes y cifras

Aviso: este post es un tanto desalentador. Si eres, fuiste o esperas ser periodista, lo que viene a continuación quizás sea un trago de pesimismo demasiado largo.

A nadie se le escapa. Los medios de comunicación viven la peor crisis en años; los periódicos sangran tirada mes a mes; los digitales no arrancan en rentabilidad; todo el mundo experimenta y nadie encuentra el camino.

El peaje acaba siendo muy alto. Los beneficios se desinflan; los costes aprientan; las redacciones adelgazan; la inmediatez manda y los sueldos no alcanzan ni para pagar la ilusión. ¿Resultado? Una profesión que ya no es lo que era y nadie sabe lo que será.

Hoy aterrizaron en mi email unas palabras que explican esta dura realidad.

Son como una bofetada: te espabilan y te hunden en el hoyo al mismo tiempo. Las escribió un periodista con muchos años de profesión a sus espaldas, alguien que sabe muy bien de lo que habla, reciclado al terreno de la comunicación corporativa.

Me pidió que no revelara su nombre. No deseo convertirme en un “confidencial”, pero sus palabras (copiadas y pegadas a continuación) merecen la excepción:

“… yo creo que lo mejor que traen los periódicos son las cucharas y sartenes.

Fuera bromas. En estos últimos días habré hablado por lo menos con 30 periodistas de diferentes medios (papel & online), os puedo asegurar que el nivel es bajísimo. Tan bajo, que me cuesta entender que todavía nos creamos lo que nos cuentan. El nivel de errores en el periodismo técnico o de precisón (cuando se habla de números, de empresas, de economía, de cualquier cosa que tenga que ver con algo numérico y cuantificable, o sea el 60% de las noticias…) es brutal.

La gente no consulta fuentes expertas (la ausencia de entrecomillados es impresionante), es incapaz de asimilar conceptos tan simples como oferta y demanda, no sabe calcular porcentajes, confunde valor con precio… y podría seguir hasta la extenuación.

Yo cada vez estoy más cansado de los periodistas y su metaprofesión. Echo en falta más humildad, menos arrogancia, más autocrítica, menos compadreo y un poco de visión lateral”.

No podría estar más de acuerdo.

Tampoco puedo dejar de pensar que ahora, nosotros, hacemos el mañana. Vale, tal vez sea sólo una ilusión, pero… ¿acaso se trataba de otra cosa?

Soitu, y el periodismo que viene

El cierre de Soitu ayer fue una de las peores noticias para el periodismo online en España. Habían logrado algo muy complejo: aportar un enfoque original y contenidos de calidad al renqueante negocio de contar historias. Era una especie de puente entre el periodismo de ayer y el de mañana. Un puente que, de repente, se esfuma.

Se abren muchos interrogantes sobre el futuro de esta profesión en plena transición hacia nadie sabe dónde. ¿Es rentable el periodismo online de calidad? ¿Cómo definimos “calidad” en Internet? ¿Se puede cobrar por las noticias, por el análisis, por ambos, por nada?

Mucho se ha escrito sobre todo esto a raíz de la despedida de Soitu. Recomendables algunos análisis, recopilaciones, posts (y II y III) reacciones y varias opiniones. ¿Conclusiones? Creo que no las hay, pero ahí van unas breves reflexiones:

- Habrá más cierres. Queda más de un año de larga travesía del desierto hasta ver la luz al final del túnel. El 2010 será igual o más duro que el 2009. La palabra que se sigue oyendo en boca de cualquier directivo es “recorte”. En esta situación, simplemente no hay hueco para tantos medios, ni tradicionales, ni digitales. Hay demasiados. Sólo los que estén más diversificados y saneados sobrevivirán.

- Los medios nativos digitales, más expuestos.
Precisamente por eso, por depender casi exclusivamente de la publicidad online, por ausencia de diversificación, los medios digitales sin otros canales de ingresos sufrirá mucho en el 2010. Aunque no más que la prensa tradicional. Quien tenga más pulmón financiero, saldrá adelante. Así de triste.

- El precio de la publicidad online (y offline), por los suelos. Es lo que más está castigando al sector. Imposible mantener a largo plazo un medio de comunicación con los precios actuales de la publicidad. Deben ajustarse al alza. Y eso sólo ocurrirá cuando aumenten los presupuestos de marketing tras la crisis (finales de 2010) y se ajuste a la baja el número de medios relevantes en términos de audiencia.

- Adiós a las grandes redacciones.
Es la gran ventaja y desventaja de Internet. Es muy fácil montar algo, pero muy complejo escalarlo y mantenerlo. Por eso tal vez en unos años veamos sólo dos extremos: 4-5 grandes cabeceras digitales (con o sin soporte tradicional), y 10-15 “nanomedios”, con estructuras de personal interno muy reducidas (15-20 personas) y una extensa red de colaboradores externos. Habrá qué pensar entonces en jubilar o no la palabra “periodismo”.

“State of play”, o el periodismo que ya nunca leeremos

Si no has visto “State of play” (en España, “La sombra del poder”), estás tardando. Si, además, eres periodista, y de los que sufre con miedo y perplejidad el agónico derrumbe de la prensa, sí, del papel, de la tinta que ensucia las manos, entonces sal corriendo y compra una entrada para la próxima sesión.

El envoltorio engaña. Russell Crowe, Ben Affleck… nombres sospechosos.

Uno se teme lo peor cuando ve al ex-gladiador con pose de reportero mujeriego y bebedor sobrado de ego: idealista y romántico, sin muchos dólares en el bolsillo y al volante de un Saab destartalado con asientos de terciopelo. Una especie de perdedor irreductible que sin embargo posee las mejores fuentes de Washington y la sutileza ganadora de los viejos zorros. Clichés. Sí, algo de eso, o tal vez bastante, habita en la película. Es Hollywood.

Pero, superados los ganchos comerciales, State of play es una perfecta y dolorosa descripción del periodismo que ya nunca leeremos. El de investigación, el de los reporteros y el equipo de documentación que dedican semanas y meses a hurgar en la cloaca política y empresarial hasta destapar las sucias mentiras.

Es también una continua representación de la “lucha” entre el viejo periodismo, el que languidece de muerte, y el nuevo, el de Internet, los blogs, la rapidez y la noticia por encima de todo.

A Call McAffrey (Russell Crowe) le toca trabajar con la novata, Della Frye (Rachel McAdams), reportera en la sección online del “Washington Globe” y autora del blog de política, “una joven, inteligente, ambiciosa, barata y capaz de escribir 10 piezas al día”. Así la define la directora del diario (Hellen Mirren).

Crowe es de la vieja escuela: caro, conflictivo y envía un par de reportajes al mes. Su mesa se hunde entre recortes de periódicos y cientos de antiguos diarios. Rachel trabaja en la sección online, una pecera aislada de la redacción con cuatro “geeks” pegados a enorme pantallas. Nada de integración redaccional.

El primer tercio de la película caricaturiza la sorda batalla entre el viejo reportero y la ambiciosa periodista digital. Las frases que se lanzan entre ellos son impagables. Cal a Della: “Hummmm, no sabría darte mi opinión sobre el congresista Stephen Collins… tendré que leerme algunos blogs para formarme una”. O “la próxima vez, antes de vomitar tu post en la Red, llámame para conocer los datos y los hechos”.

Della a Call, cuando finalmente congenian y consiguen la gran exclusiva: “Creo que la noticia es lo suficientemente importante como para que la gente se ensucie las manos de tinta, no crees?”

Es una parodia. Pero es efectiva. En cientos de periódicos de todo el mundo se está produciendo este mismo choque de culturas entre el bolígrafo y las nuevas narrativas. Y la prensa se va al garete precisamente por no haberlo visto venir, o, mejor dicho, por no haber reaccionado a tiempo.

La conclusión que flota en el aire cuando suben los títulos de crédito, a la vez que se ve la planta de impresión escupiendo el periódico del día siguiente, con una sensación de tecnología anquilosada de la primera revolución industrial, es que se acabó.

Ya no hay dinero para pagar el periodismo de investigación. Ya no hay pasta para costear los millones de árboles talados, los rollos, las furgonetas, la distribución… la tinta que ensucia las manos.

En el título y durante el post he escrito eso del periodismo que “ya nunca leeremos”. Una pequeña provocación.

Por supuesto, el soporte no tiene nada que ver en todo esto. Los contenidos de calidad se podrán leer en Internet, en papel o en el aire. Es una cuestión, como siempre, de rentabilidad.

Simplemente “tardaremos en volver a leerlo”. De aquí a que Internet sea lo suficientemente rentable para costear el buen periodismo, ese que destapa corrupciones políticas, que investiga, educa y emociona, que entrona a artistas desconocidos o fuerza a empresas faltas de ética a echar el cierre, de aquí a que eso ocurra exclusivamente en la Red, pasará mucho tiempo.

Esperemos que poco. Por la ilusión de todos los que nos dejamos la piel, y la esperanza, en esto.

Foto 1: Imdb; Foto 2: Marta Herencia